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Cars move slowly during a traffic jam on the M30, PIERRE-PHILIPPE MARCOU/AFP via Getty Images

El diésel alcanzó en septiembre un precio medio de 1,874 euros por litro y su consumo acumula una caída del 1,5% en España. Scope Ratings advierte de que el vencimiento de las coberturas frente a las subidas de precios podría agravar los problemas financieros de transportistas y aerolíneas durante el próximo año.

El encarecimiento del gasóleo amenaza con agravar la situación financiera del transporte español en 2027. El precio medio del diésel alcanzó en septiembre los 1,874 euros por litro, según los últimos datos del Ministerio para la Transición Ecológica. La agencia de calificación Scope Ratings advierte de que la presión sobre los costes empresariales podría intensificarse durante el próximo año, cuando venzan algunas de las coberturas que todavía protegen a las compañías frente a las fluctuaciones del combustible.

El sector teme que el aumento de los gastos termine comprometiendo la continuidad de numerosas empresas, especialmente autónomos y pequeños operadores. "Está afectando mucho", señala Juan Manuel Martínez, presidente de la Asociación Española del Transporte (AET), quien recuerda que trasladar las subidas del combustible a las tarifas no siempre es sencillo ni inmediato.

"Como siempre, los más afectados son los autónomos y las pequeñas empresas, y de esas en España hay muchísimas. Se verán muchos ceses de actividad en los próximos meses y en 2027", advierte Martínez.

El problema trasciende al sector. Según el Observatorio del Transporte y la Logística de España (OTLE), el 95,8% de las mercancías transportadas dentro del país se mueve por carretera, de acuerdo con los datos de 2024. Si el encarecimiento persiste, el impacto podría extenderse a la distribución de productos y a los costes de numerosas actividades económicas.

La crisis no responde únicamente a la evolución del precio del petróleo. La escasez de combustibles refinados ha impulsado el precio del gasóleo y del queroseno de aviación por encima de la evolución del crudo, lo que beneficia potencialmente a determinadas actividades de refino, pero eleva la factura de transportistas y aerolíneas.

Una factura difícil de asumir para los transportistas

El gasóleo cuesta en España 1,370 euros por litro antes de impuestos, frente a los 1,303 euros de media en la Unión Europea. Sin embargo, el precio final nacional se mantiene por debajo del promedio comunitario, situado en 2,146 euros por litro, gracias a una fiscalidad inferior.

Al mismo tiempo, el consumo de diésel muestra señales de retroceso. Según la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (Cores), el consumo de gasóleo de automoción cayó un 5,4% interanual en agosto, hasta 1,674 millones de toneladas. En contraste, las gasolinas aumentaron un 6,2%.

Aunque el carácter vacacional de agosto puede influir en la evolución mensual, el consumo acumulado de diésel entre enero y agosto registró una caída del 1,5%. Estos datos, no obstante, no permiten atribuir directamente el descenso al encarecimiento del combustible.

La magnitud del sobrecoste se aprecia en el funcionamiento de una flota. Un camión que recorra 120.000 kilómetros al año y consuma 30 litros por cada 100 kilómetros necesita unos 36.000 litros de gasóleo anuales. Si el precio aumenta 20 céntimos por litro, el gasto adicional asciende a 7.200 euros por vehículo al año.

En una empresa con 100 camiones, el sobrecoste teórico alcanzaría los 720.000 euros, sin tener en cuenta descuentos, impuestos recuperables ni la posibilidad de repercutir parte del incremento a los clientes.

La advertencia de Scope Ratings, firmada por Rohit Nair, director de calificaciones corporativas, apunta a que la presión financiera sobre las empresas europeas de transporte y logística podría alcanzar su punto más delicado en 2027.

Muchas compañías utilizan cláusulas contractuales para trasladar las subidas del combustible a sus clientes y recurren, en algunos casos, a coberturas financieras para reducir la exposición a los cambios de precios. Sin embargo, las revisiones de tarifas pueden demorarse y la protección financiera desaparece cuando vencen los contratos.

Los operadores pequeños son especialmente vulnerables porque disponen de menos capacidad de negociación y balances más ajustados. El encarecimiento del combustible incrementa sus necesidades de financiación y puede generar problemas de liquidez. Scope también alerta del riesgo de impagos entre distribuidores independientes de combustible con menor capacidad financiera.

Las aerolíneas también afrontan un año complicado

El transporte aéreo tampoco escapa a la presión. El combustible representa habitualmente entre el 25% y el 30% de los costes operativos de las aerolíneas, por lo que una subida prolongada puede deteriorar su rentabilidad. En escenarios extremos, su peso podría superar la mitad de los costes de algunas compañías, aunque no se trata de una previsión general para todo el sector.

Una de las principales preocupaciones es el vencimiento de las coberturas financieras contratadas antes de la crisis. Estas operaciones, que suelen escalonarse y pueden extenderse hasta 24 meses, permiten amortiguar parte de las subidas. Sin embargo, cuando expiran, las aerolíneas deben decidir si renuevan la protección a precios más elevados o asumen directamente las fluctuaciones del mercado.

"Se paga en los años tranquilos para estar protegido en los picos", explican fuentes del sector.

Existe, además, una dificultad específica: algunas compañías contratan coberturas vinculadas al petróleo porque su mercado financiero es más líquido, aunque el combustible que utilizan es queroseno. Si este último se encarece más que el crudo, la protección puede resultar insuficiente para compensar el incremento real de sus costes.

La capacidad de cada empresa para afrontar el escenario dependerá de su liquidez y de sus contratos. Las aerolíneas que carezcan de coberturas y dispongan de menos recursos financieros estarán más expuestas a la volatilidad.

La demanda de queroseno, además, continúa creciendo. Según Cores, el consumo alcanzó las 799.000 toneladas en agosto, un 5,4% más que en el mismo mes del año anterior. En el acumulado de enero a agosto, el incremento fue del 4,5%.

Las refinerías, en una posición diferente

Mientras transportistas y aerolíneas afrontan mayores costes, las grandes petroleras integradas pueden beneficiarse del encarecimiento de los productos refinados. Compañías como Repsol, BP y Moeve cuentan con negocios de refino, aunque el resultado final depende también de sus costes operativos y de la actividad de sus instalaciones.

Uno de los indicadores que refleja la tensión del mercado es la diferencia entre el precio del gasóleo comercializado en el puerto de Nueva York y el barril de Brent. Según Scope Ratings, ese diferencial alcanzó en agosto una media de 88 dólares por barril, frente a los 29 dólares registrados de media entre 2023 y 2025.

La cifra muestra cuánto se ha encarecido el combustible refinado en relación con el petróleo, aunque no representa directamente el margen que obtienen las refinerías españolas.

Desde la Asociación de la Industria del Combustible de España (AICE) advierten de la dificultad de anticipar la evolución de los precios. "Predecir los precios es muy complicado", señalan, aunque consideran que una prolongación de las tensiones internacionales dificultaría las bajadas.

El conflicto entre Estados Unidos e Irán y los ataques ucranianos contra instalaciones rusas han reducido la disponibilidad internacional de productos petrolíferos. Según Scope, las exportaciones netas combinadas de gasóleo del golfo Pérsico y Rusia se situaron en agosto 1,6 millones de barriles diarios por debajo de los niveles de febrero.

La agencia prevé que los diferenciales del gasóleo se mantengan muy por encima de los niveles anteriores a la crisis durante buena parte de 2027, incluso si mejora la situación en el estrecho de Ormuz.

Para el transporte español, el principal riesgo es que una crisis inicialmente centrada en el precio del combustible termine afectando a la viabilidad de los operadores con menos recursos. Si los costes continúan elevados y las empresas pierden la protección de sus coberturas, 2027 podría traer nuevos problemas de liquidez y cierres de actividad en un sector esencial para la economía.