Las barreras con las que Interior quiere cerrar el Guadalquivir a las narcolanchas
Las estructuras, que podrán cerrarse a distancia cuando se detecten embarcaciones sospechosas, cuentan con los permisos necesarios y una inversión prevista de 12 millones de euros.

El Ministerio del Interior prevé instalar en 2027 tres estructuras desplegables para impedir el paso de embarcaciones dedicadas al narcotráfico, aunque las obras todavía no han comenzado
El 28 de enero de 2025, cinco embarcaciones de gran potencia, equipadas con motores fueraborda, remontaron a toda velocidad el Guadalquivir hasta las proximidades del estadio de La Cartuja, en Sevilla. Las narcolanchas pasaron incluso bajo el puente del Alamillo, en plena ciudad, mientras la Guardia Civil trataba de perseguirlas sin conseguir darles alcance.
Las imágenes de aquella jornada circularon durante semanas y mostraron hasta qué punto las organizaciones dedicadas al narcotráfico habían conseguido extender su actividad por el Guadalquivir. No solo en zonas próximas a su desembocadura, sino también en municipios como Puebla del Río y Coria del Río, hasta llegar a la capital andaluza.
El episodio provocó la reacción de alcaldes y vecinos y llevó a reclamar al Ministerio del Interior nuevas medidas para frenar el avance de las narcolanchas por una vía fluvial que se había convertido en una de las principales rutas utilizadas por estas organizaciones.
Ahora, año y medio después, Interior prepara una nueva medida: tres barreras desplegables destinadas a bloquear el paso de las embarcaciones utilizadas por los narcotraficantes.
El proyecto cuenta ya con los permisos necesarios después de que el Ministerio suscribiera un convenio con la Autoridad Portuaria de Sevilla, responsable de la regulación del tráfico en el río. Sin embargo, los trabajos para instalar las estructuras todavía no han comenzado.
Las barreras estarán situadas en las proximidades del estuario, en Sanlúcar de Barrameda, y en dos de los caños del Guadalquivir. Interior no ha precisado públicamente su ubicación exacta.
Un proyecto anunciado tras la muerte de dos guardias civiles
La decisión de instalar estas estructuras llegó después de uno de los episodios más graves de la lucha contra el narcotráfico en las costas andaluzas.
El 7 de mayo de 2026, a unas 80 millas náuticas de las costas de Huelva, el agente de la Guardia Civil Germán Pérez y el capitán Jerónimo Jiménez, del Servicio Marítimo, murieron durante la persecución de una narcolancha que transportaba droga.
El suceso se produjo poco más de dos años después del asesinato de otros dos agentes de la Guardia Civil durante una persecución contra narcotraficantes en Barbate (Cádiz).
Pocos días después, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, anunció en el Senado la instalación de las barreras antinarcos, con una inversión prevista de 12 millones de euros.
Marlaska explicó entonces que se trataría de estructuras "móviles" y señaló que la respuesta contra el narcotráfico debía apoyarse también en la inteligencia policial, especialmente para combatir el uso de las vías fluviales como rutas de transporte de droga.
Barreras que solo se desplegarán cuando sea necesario
Uno de los principales retos del proyecto es compatibilizar la lucha contra el narcotráfico con la navegación habitual por el Guadalquivir, una vía fluvial con un importante tráfico comercial.
Fuentes conocedoras del proyecto señalan que el diseño tuvo que adaptarse a las exigencias de la Autoridad Portuaria para garantizar que las estructuras no obstaculicen la navegación.
Las barreras serán desplegables y estarán controladas a distancia. La idea es que permanezcan abiertas durante la actividad normal del río y puedan cerrarse cuando las autoridades detecten la presencia de narcolanchas.
El objetivo de Interior es que el sistema esté operativo en 2027. Sin embargo, pese a que el Consejo de Ministros aprobó el pasado 7 de julio la declaración de emergencia para contratar el suministro, instalación y puesta en funcionamiento de las denominadas "barreras fluviales de alta resistencia", las obras todavía no han comenzado.
El precedente del Guadarranque
El proyecto tiene un antecedente cercano en el río Guadarranque, cuya desembocadura se encuentra en San Roque, Cádiz. Durante años, este río fue utilizado como vía de entrada y salida para organizaciones dedicadas al narcotráfico.
En 2016 se instaló allí una barrera formada por 25 pilotes de acero, de 80 centímetros de diámetro y rellenos de hormigón. Los pilotes fueron colocados con una separación de 2,4 metros y unidos mediante elementos metálicos.
Sin embargo, la estructura pronto se convirtió en objetivo de los propios narcotraficantes, que protagonizaron diversos sabotajes contra la instalación y pusieron a prueba su eficacia.
Ese antecedente genera cautela entre los representantes de los agentes de la Guardia Civil. Agustín Domínguez, portavoz en Cádiz del sindicato Jucil, considera que las nuevas barreras pueden convertirse en un obstáculo para los narcotraficantes, pero advierte de que su eficacia dependerá también de la vigilancia y de los medios humanos disponibles para impedir posibles sabotajes.
La experiencia del Guadarranque, sostiene, demuestra que una barrera física resulta más efectiva cuando va acompañada de un refuerzo policial.
Interior asegura que el despliegue de las nuevas estructuras en el Guadalquivir se produce junto a un incremento de efectivos. Según el Ministerio, la plantilla de la Guardia Civil destinada en la zona ha aumentado un 10% durante el último año.
En los municipios más afectados por la expansión de las narcolanchas, la percepción también parece haber cambiado. Modesto González, alcalde de Coria del Río, uno de los dirigentes locales que reclamó medidas durante la oleada de embarcaciones, asegura que "lo peor ha pasado".
La incógnita ahora es si las nuevas barreras estarán listas en 2027 y, sobre todo, si serán capaces de cerrar de forma efectiva el paso a las narcolanchas sin afectar al tráfico habitual del Guadalquivir.

