Mujeres marroquíes sobreviven en tiendas en Ceuta mientras esperan una plaza en los centros de acogida
Las jóvenes, llegadas tras la entrada masiva de finales de julio, aseguran que no pueden regresar y reclaman una plaza en el interior de la Hípica.

Una veintena de mujeres marroquíes permanece en tiendas improvisadas a las puertas del centro de acogida de la Hípica, en Ceuta. Llegaron tras la entrada masiva de finales de julio y aseguran que regresar a Marruecos no es una opción para ellas.
El espacio habilitado en las antiguas instalaciones militares estaba destinado a atender a personas especialmente vulnerables, entre ellas mujeres y niñas. La llegada de más personas, sin embargo, terminó desbordando la capacidad disponible y dejó a algunas jóvenes fuera.
Ahora viven bajo lonas, en unas condiciones precarias, mientras esperan conseguir una plaza en el interior. La presencia de militares en los alrededores es, según cuentan, uno de los pocos elementos que les transmite cierta tranquilidad.
"Aquí nos sentimos más seguras", repiten.
Durante el día suelen bajar hasta las playas del Trampolín y Benítez para recoger los alimentos y productos de higiene que distribuye Cruz Roja. Después regresan al pequeño campamento instalado junto a la Hípica.
Allí pasan las horas como pueden. Lavan su ropa, cuidan a sus hijos, descansan y se ayudan entre ellas. Algunas también arrastran lesiones que, según explican, son consecuencia de situaciones vividas en sus hogares.
"Si vuelvo, mi padre me mata"
Las mujeres aseguran que no abandonaron Marruecos únicamente por motivos económicos. Hablan de conflictos familiares, matrimonios impuestos y presiones relacionadas con las normas sociales y religiosas de su entorno.
Una de ellas muestra una gran cicatriz en una de sus piernas. Sus compañeras aseguran que se la provocó su madre después de que la joven dijera que no quería seguir siendo musulmana. Otra cuenta que su familia intentó obligarla a casarse con un hombre al que no quería.
Son testimonios difíciles de verificar de forma independiente, pero todas coinciden en una cuestión: volver a sus casas no entra en sus planes.
"Si vuelvo a Marruecos, mi padre me mata", asegura una de las jóvenes. Cuenta que ha recibido amenazas y que incluso tuvo que cambiar de número de teléfono para evitar que su familia pudiera localizarla.
Las mujeres piden que su situación sea escuchada. Hablan en inglés con la periodista y reclaman que se conozcan las razones por las que abandonaron sus hogares.
"No podemos regresar con nuestras familias", explican.
La situación se ha complicado también por las condiciones en las que están viviendo. Algunas aseguran que han enfermado después de que la lluvia mojara las tiendas y reclaman entrar en el centro de acogida.
Según explican, algunas mujeres que ya están alojadas allí les han dicho que habría plazas disponibles. No obstante, ellas continúan fuera.
El Gobierno anunció que durante esta semana trasladará a unas 300 mujeres a un espacio considerado más adecuado.
Denuncias bajo investigación
La situación de las mujeres llegadas a Ceuta se ha visto rodeada en los últimos días por denuncias de malos tratos y vejaciones en algunos centros gestionados por organizaciones sociales.
La Fiscalía de Menores ha confirmado que conoce las denuncias y ha señalado que vigila cualquier circunstancia que pueda afectar a la seguridad, integridad o derechos de los menores que se encuentran bajo protección.
También ha indicado que actuará cuando existan hechos que puedan ser constitutivos de delito.
Al mismo tiempo, en las calles de Ceuta circulan versiones muy diferentes sobre lo que ocurre en los centros y sobre algunas de las denuncias presentadas por las mujeres. Parte de esas afirmaciones proceden de vecinos y no han sido acreditadas.
Entre ellas están las acusaciones de que algunas denuncias por agresiones sexuales serían falsas y responderían a un intento de acelerar los procedimientos de protección o asilo. No existen elementos suficientes para presentar esas afirmaciones como una conclusión general sobre las mujeres que han llegado a la ciudad.
Los datos disponibles sí muestran que existe un problema que las autoridades están investigando. Según cifras de la Fiscalía General del Estado citadas en el texto original, desde finales de julio se habían abierto 30 procedimientos por agresiones sexuales contra mujeres inmigrantes en Ceuta. El 40% de las víctimas eran menores de edad.
La dificultad está también en separar los hechos acreditados de los rumores que circulan entre una población sometida a semanas de tensión. En un escenario como el actual, una denuncia debe ser investigada y un rumor no puede convertirse automáticamente en una acusación.
Cientos de menores siguen en las calles
Las mujeres no son las únicas personas en una situación especialmente vulnerable.
Los menores que llegaron a Ceuta durante la entrada masiva de finales de julio continúan siendo uno de los principales problemas para las autoridades. Aunque muchos han sido trasladados a centros de protección, todavía quedarían alrededor de 500 menores en las calles, según las estimaciones manejadas por las autoridades.
Algunos duermen en asentamientos situados junto a las playas y en zonas de monte. Otros se desplazan hasta los espacios habilitados en el puerto en busca de una plaza.
El problema quedó especialmente visible después del realojo de unos 1.700 inmigrantes procedentes principalmente de la playa de Benítez.
Mientras las administraciones intentan ampliar la capacidad de acogida, las imágenes de personas durmiendo fuera de los centros muestran que la respuesta sigue teniendo dificultades para absorber la magnitud de la llegada.
En la Hípica, las mujeres continúan esperando. Para ellas, conseguir una plaza bajo techo no es solo una cuestión de comodidad. Es, según repiten, la diferencia entre sentirse protegidas o seguir pasando la noche bajo una lona.





















