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Women watch the burial of three of the last 12 young people to be buried in the Sidi Embarek Muslim cemetery of Ceuta on August 27, 2026. Antonio Sempere / AFP via Getty Images

Los marroquíes acudirán a las urnas el miércoles en unas elecciones marcadas por la baja participación y el escaso interés de los jóvenes por los canales políticos tradicionales

La crisis de Ceuta también está presente, aunque de forma indirecta, en las elecciones legislativas que Marruecos celebrará el próximo miércoles. Durante la campaña, algunos dirigentes han vuelto a reivindicar la soberanía marroquí sobre Ceuta y Melilla. Lo han hecho, entre otros, Nizar Baraka, líder del partido conservador Istiqlal, y Nabil Benabdellah, dirigente de una formación de izquierdas.

Pero más allá de esta reivindicación, uno de los asuntos que atraviesa la campaña es la situación de los jóvenes. Los partidos han multiplicado las promesas relacionadas con el empleo, las ayudas sociales y las condiciones de vida en un país donde una parte importante de la población joven contempla la emigración como una salida.

La cuestión tiene una relación directa con lo ocurrido en Ceuta. A finales de julio, miles de personas llegaron a la ciudad desde Marruecos, en su mayoría jóvenes. Algunos tenían un proyecto migratorio y otros acudieron atraídos por la posibilidad de entrar mientras la frontera permanecía abierta.

Según el Arab Barometer, el 55% de los marroquíes menores de 30 años manifestó en 2024 su deseo de emigrar. Más de la mitad de ellos estaría dispuesto a hacerlo incluso sin documentación.

El episodio de Ceuta dejó además más de 140 muertos y sigue generando conmoción en Marruecos, aunque su cobertura en los medios nacionales ha sido limitada. El semanario Tel Quel llegó a dedicarle una portada bajo el título "Una juventud sacrificada en el altar de la desesperación" y calificó lo ocurrido de "drama".

Promesas para una generación que quiere marcharse

Los partidos han respondido a esta realidad con propuestas dirigidas especialmente a los jóvenes.

El Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), por ejemplo, promete crear un millón de empleos. La situación laboral de los menores de 30 años es uno de los principales problemas del país: el desempleo entre este grupo ronda el 34%.

El Istiqlal ha planteado algunas de las medidas económicas más concretas. Entre ellas, una ayuda de 460 euros para quienes contraigan matrimonio y una asignación mensual de 92 euros para jóvenes que busquen trabajo después de terminar sus estudios superiores.

Sin embargo, estas promesas tienen un problema: muchos de sus posibles beneficiarios ni siquiera podrán votar.

Solo entre el 3% y el 4% de los marroquíes de entre 18 y 24 años están inscritos en las listas electorales. Y estar inscrito tampoco garantiza que finalmente acudan a las urnas.

En Marruecos no basta con presentar el documento de identidad para votar. Es necesario figurar previamente en el registro electoral. En la actualidad hay unos 15,8 millones de personas inscritas, frente a los 25,4 millones de adultos que tiene el país.

La participación tampoco ha sido especialmente alta en las últimas convocatorias. En 2016 fue del 43% y en 2021 alcanzó el 50,18%, el dato más elevado de los últimos años. En el mejor de los escenarios, por tanto, algo más de siete millones de personas acudirían a votar, alrededor del 27% de la población adulta.

La baja participación no significa necesariamente que los marroquíes no estén interesados en la política. Una parte de la población expresa su desconfianza hacia los partidos y duda de que las promesas electorales terminen traduciéndose en cambios reales. También existen llamamientos al boicot, como los realizados por Vía Democrática y por el movimiento islamista alegal Justicia y Caridad.

Los asuntos que quedan fuera de la campaña

Hay además cuestiones de gran relevancia política que prácticamente no forman parte del debate electoral porque corresponden a la esfera de la Casa Real.

Entre ellas está la relación con Israel. Este miércoles, en Nueva York, Marruecos e Israel tienen previsto anunciar un nuevo paso en sus relaciones con la apertura de embajadas en sustitución de las actuales oficinas de enlace.

La ausencia de este asunto en la campaña ha provocado críticas. El catedrático Maati Monjib expresó en redes sociales su "dolor y frustración" por el silencio de los partidos ante el acuerdo.

El Frente Marroquí de Apoyo a Palestina y Oposición de la Normalización y otras organizaciones tienen previsto protestar contra el acercamiento a Israel después de las elecciones. Las primeras manifestaciones están convocadas a partir del 25 de septiembre, aunque todavía no está claro si las autoridades permitirán su celebración.

El interés de los jóvenes por la política, pese a su escasa participación electoral, quedó demostrado el año pasado con las protestas impulsadas por GenZ212. El movimiento organizó concentraciones en varias ciudades para reclamar mejoras en la sanidad y la educación y cuestionar el gasto destinado a las infraestructuras relacionadas con el Mundial de 2030.

Según Amnistía Internacional, cerca de 2.500 personas fueron detenidas durante aquellas protestas y 1.473 jóvenes fueron juzgados. La mayoría terminó condenada.

Infraestructuras frente a empleo y servicios públicos

El Gobierno y la Casa Real han apostado durante los últimos años por grandes proyectos de infraestructuras.

Marruecos fue el primer país africano en contar con una línea de alta velocidad y actualmente trabaja en su ampliación para conectar Tánger con Marrakech. El puerto de Tánger-Med se ha convertido además en uno de los principales centros logísticos del continente. En 2025 llegó a mover el doble de contenedores que los puertos españoles de Algeciras y Valencia juntos, según los datos citados por medios marroquíes.

Pero esa transformación convive con problemas sociales que afectan especialmente a los jóvenes. El desempleo, las dificultades para acceder a determinados servicios públicos y la falta de oportunidades alimentan una sensación de frustración que también se refleja en el deseo de emigrar.

Es una de las contradicciones que marcan estas elecciones: mientras el país exhibe sus nuevas infraestructuras y se prepara para acoger el Mundial de 2030, una parte de su población joven sigue pensando en cómo marcharse.

Una elección con miles de candidaturas

La oferta electoral, en cambio, es amplia.

La Cámara de Representantes cuenta con 395 diputados. De ellos, 305 son elegidos en circunscripciones locales y otros 90 mediante circunscripciones regionales. En el inicio de la campaña se contabilizaron 7.288 candidaturas, aproximadamente 18 por cada escaño.

La gran cantidad de candidatos no ha conseguido, sin embargo, despertar un entusiasmo equivalente entre los votantes.

Uno de los motivos de esa desafección es la percepción de que el margen de cambio es reducido. Entre las principales fuerzas que compiten se encuentran el Reagrupamiento Nacional de los Independientes (RNI), partido del actual primer ministro Aziz Akhannouch, y el Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), cuya figura más conocida es Fouzi Lekjaa, presidente de la Real Federación Marroquí de Fútbol.

Ambas formaciones tienen una historia relativamente reciente. El RNI fue creado en 1978, durante el reinado de Hasán II, mientras que el PAM nació en 2008 impulsado por Fouad Ali el Himma, antiguo consejero de Mohamed VI.

Junto a ellos compiten partidos con una trayectoria mucho más larga, como el Istiqlal, que tuvo un papel destacado en la independencia de Marruecos en 1956, y el Partido de la Justicia y del Desarrollo (PJD), de orientación islamista moderada.

El PJD llegó a ser la fuerza más votada en 2016, cuando obtuvo 125 escaños y asumió la jefatura del Gobierno. Cinco años después sufrió una fuerte caída y se quedó en 13 diputados.

Ahora busca recuperar parte de aquel terreno.

Pero, mientras los partidos compiten por los escaños, una parte de la generación a la que más promesas dirigen parece mirar en otra dirección. Para muchos jóvenes marroquíes, el debate político ya no pasa únicamente por las urnas. También pasa por las protestas, las redes sociales y, cada vez más, por la posibilidad de abandonar el país.