La cultura de Ceuta se atrinchera: seguridad 24 horas en el conservatorio y conciertos cancelados
El centro mantendrá su programación pese a la preocupación de profesores y familias, mientras el Instituto Mediterráneo de Culturas suspende su principal actividad tras cuatro años de crecimiento.

El Conservatorio Ángel García Ruiz incorpora seguridad privada las 24 horas y el Instituto Mediterráneo de Culturas cancela su ciclo de música y danza tras cuatro años de crecimiento
El último piso del Conservatorio Profesional de Música Ángel García Ruiz estaba vacío. Faltaban pocos días para que comenzara el curso y las aulas seguían con las sillas recogidas y las persianas medio bajadas para protegerse del calor de septiembre. Solo se escuchaba una trompeta.
Era Rafael Hernández, profesor del centro desde hace 26 años, que ensayaba solo antes de que regresaran los alumnos.
Este curso el conservatorio afronta una situación que no había vivido en sus más de 90 años de historia: ha tenido que contratar un vigilante de seguridad privada las 24 horas.
El centro funciona en dos edificios, uno destinado a las clases grupales y otro a las individuales. Los alumnos, algunos desde los ocho años, acuden por la tarde, entre las cuatro y las nueve. En invierno, muchas de esas entradas y salidas se producen ya de noche.
La decisión de incorporar seguridad no responde a una instrucción del Ministerio de Educación. Se ha tomado ante la situación que vive la ciudad desde la llegada masiva de personas desde Marruecos y las semanas de tensión posteriores.
Y el conservatorio no es el único que está notando las consecuencias. La actividad cultural de Ceuta también empieza a resentirse. La Sociedad Cultural Amigos de la Música mantiene, por ahora, su temporada, mientras que el Instituto Mediterráneo de Culturas (IMC) ha decidido cancelar su principal ciclo de conciertos, después de cuatro años en los que había ido creciendo hasta duplicar su programación.
El conservatorio intenta mantener la normalidad
El Conservatorio Ángel García Ruiz depende académicamente del Ministerio de Educación, pero la Ciudad Autónoma se encarga de su gestión administrativa y económica.
"Somos como un híbrido", explica su director, Javier Bernal, que lleva seis años al frente del centro y 31 trabajando en él.
Bernal insiste en que, al menos sobre el papel, el curso mantiene el calendario previsto. Seguirán el concurso María Jesús Bravo, los conciertos de Navidad y primavera y las colaboraciones habituales con otras entidades culturales.
"Queremos seguir sonando como siempre", asegura.
Pero reconoce que tendrán que ir adaptándose a lo que ocurra en la ciudad. "Vamos a ir improvisando", explica.
La situación le recuerda a la pandemia, cuando el centro también tuvo que enfrentarse a unas circunstancias excepcionales. Ahora espera que las autoridades encuentren una solución a la situación que atraviesa Ceuta.
Profesores y familias afrontan el curso con miedo
Para Patricia Sastre, profesora de piano desde hace casi 20 años, el problema no es únicamente la seguridad en la puerta.
Sastre llegó a Ceuta después de haber trabajado también en Málaga, pero después de tantos años se considera "totalmente caballa". Dice estar encantada con sus alumnos y destaca la implicación de las familias.
Precisamente por ellas teme que el nuevo curso sea especialmente complicado.
A diferencia de un colegio, los alumnos del conservatorio no tienen todos el mismo horario. Cada uno entra y sale dependiendo de la clase que tenga. Uno puede llegar a las cuatro y otro marcharse a las siete.
Eso obliga a los padres a acompañar a sus hijos, incluso cuando ya son adolescentes, y especialmente cuando se trata de niños de ocho, diez o pocos años más.
"Hay un desgaste emocional y psicológico que se va a notar muchísimo", explica Sastre.
Los propios alumnos, dice, también han cambiado sus rutinas durante este verano. Muchos han pasado más tiempo en casa y algunos padres han limitado incluso sus salidas con amigos por miedo a la situación en las calles.
"Si un centro educativo tiene que tener un vigilante constante en la puerta, no hay ningún tipo de normalidad", resume.
La profesora reconoce además que ella misma ha empezado a tomar precauciones. Cuenta que lleva un espray de pimienta encima incluso durante el día y recuerda haber intervenido en la calle cuando unas chicas estaban siendo increpadas.
Habla también de una sensación que, según explica, comparte con muchas personas de la ciudad: incertidumbre, inseguridad y decepción.
"Lo que más nos ha ofendido es que se acuse de racismo a los ceutíes", señala. Para ella,





















