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Spain's Prime Minister Pedro Sanchez addresses the congress of deputies on the government's handling of the situation in Spain's North African enclave Ceuta after a mass influx of migrants, at the lower house of parliament in Madrid on September 3, 2026 Thomas COEX / AFP via Getty Images

El escenario electoral no está cerrado, pero los últimos sondeos dejan poco margen para la comodidad en el PSOE. Las encuestas dibujan una situación complicada para Pedro Sánchez, con una derecha que mantiene una posición fuerte y una izquierda que continúa dividida.

El CIS publicado en septiembre refleja una caída de dos puntos del PSOE respecto al mes anterior, hasta el 31% de estimación de voto. El PP se sitúa en el 25,5% y Vox alcanza el 16,6%, después de crecer 1,3 puntos.

Otros estudios ofrecen cifras todavía menos favorables para los socialistas. La media de encuestas recopilada por PolitPro sitúa actualmente al PP por delante del PSOE, con diferencias importantes respecto al último barómetro del CIS.

La fotografía, por tanto, depende del sondeo que se mire. Lo que sí aparece como una constante es la dificultad de la izquierda para presentar un bloque electoral cohesionado.

Ceuta añade presión al Gobierno

La crisis migratoria de Ceuta ha introducido un nuevo problema en la agenda de Moncloa. El conflicto ha ocupado buena parte del debate político de las últimas semanas y ha dado al PP un argumento con el que atacar directamente la gestión del Gobierno.

El CIS de septiembre se realizó después de la entrada masiva de migrantes en la ciudad autónoma y registró un descenso de dos puntos en la estimación de voto del PSOE. Vox, en cambio, fue la formación que más creció entre los principales partidos en ese barómetro.

La cuestión migratoria tampoco parece destinada a desaparecer rápidamente del debate. Sánchez ha llevado la situación de Ceuta al escenario internacional durante su viaje a Nueva York, mientras el Ejecutivo intenta defender su posición sobre inmigración y la protección de los menores.

El PP, por su parte, ha convertido la crisis en uno de los ejes de su ofensiva contra el Gobierno y ha llevado el asunto a las instituciones europeas.

Para Sánchez, el problema no es únicamente el desgaste producido por la gestión de Ceuta. También lo es que la oposición ha encontrado un asunto capaz de desplazar otros mensajes del Ejecutivo.

La economía puede convertirse en otro frente

La evolución de los precios será otro de los elementos que habrá que seguir durante los próximos meses.

El Gobierno ha utilizado durante la legislatura la evolución de algunos indicadores económicos como argumento para defender su gestión. Pero los datos macroeconómicos no siempre se traducen en una percepción positiva entre los ciudadanos cuando el coste de la vivienda, la alimentación, la energía o los servicios continúa presionando los presupuestos familiares.

Ese es uno de los terrenos en los que el Ejecutivo tendrá que medir bien su discurso. Una cosa son las cifras generales de crecimiento y empleo y otra muy distinta la sensación que tienen los hogares cuando hacen frente a sus gastos cada mes.

El PP ya está incorporando precisamente los precios y la inseguridad a su estrategia contra Sánchez, junto con la inmigración.

Si el encarecimiento de la vida continúa ocupando espacio en la conversación pública, la economía puede terminar convirtiéndose en un problema electoral más importante de lo que ahora parece.

La izquierda sigue teniendo un problema pendiente

El otro gran asunto está dentro del propio espacio progresista.

PSOE, Sumar, Podemos y otras formaciones mantienen conversaciones y movimientos para intentar llegar a las próximas elecciones con algún tipo de coordinación. Pero las diferencias siguen siendo importantes.

Sumar ha pedido a Podemos que aclare si está dispuesto a trabajar para intentar mantener el actual Gobierno de coalición, mientras las distintas fuerzas continúan discutiendo sobre una posible candidatura conjunta y sobre quién debería liderarla.

La cuestión no es menor. En un sistema electoral como el español, presentarse por separado puede tener consecuencias distintas según la circunscripción. El debate sobre candidaturas comunes, por tanto, no responde únicamente a una cuestión de imagen política: también tiene una dimensión puramente electoral.

El problema es que cada partido tiene sus propios intereses. PSOE busca conservar su posición dominante dentro de la izquierda; Sumar intenta mantener espacio propio y Podemos quiere recuperar protagonismo. Esa suma de intereses hace complicada una estrategia común.

El factor que puede cambiar las cuentas

Ahí aparece una de las pocas variables que todavía podrían modificar el escenario: la capacidad de las fuerzas de izquierda para reducir su fragmentación.

No significa que una candidatura conjunta garantice un determinado resultado. Tampoco que la suma automática de votos de varios partidos se traduzca en los mismos escaños. Dependería de cada provincia, de la participación y de cómo se distribuyera finalmente el voto.

Pero la posibilidad de coordinar candidaturas en determinadas circunscripciones forma parte ya del debate político de la izquierda.

El ejemplo valenciano ofrece una muestra de que el escenario tampoco está completamente definido. Un sondeo encargado por el PSPV y realizado por Celeste-TEL entre el 3 y el 10 de septiembre apunta a un escenario de empate entre bloques en esa comunidad, aunque se trata de una encuesta autonómica y encargada por una de las partes, por lo que sus resultados deben leerse dentro de ese contexto.

La cuestión nacional es bastante más compleja.

Sánchez necesita tiempo, pero el tiempo también desgasta

El Gobierno todavía tiene margen para intentar modificar el escenario. Puede cambiar prioridades, aprobar nuevas medidas, buscar acuerdos y tratar de recuperar terreno en asuntos que afectan directamente a los ciudadanos.

El problema es que prolongar una legislatura también significa exponerse durante más tiempo a nuevos conflictos.

Ceuta sigue abierta. La economía puede convertirse en un problema si el coste de vida vuelve a ganar peso. Y los distintos procedimientos judiciales que afectan al entorno político y familiar del presidente mantienen otra fuente de presión sobre Moncloa.

Por eso, más que una carta única, Sánchez tiene delante varias variables que pueden alterar el escenario electoral. Algunas dependen de sus decisiones y otras están completamente fuera de su control.

La izquierda, mientras tanto, tiene un asunto mucho más concreto que resolver: decidir si compite dividida o intenta encontrar fórmulas de coordinación allí donde el sistema electoral puede penalizar la dispersión del voto.

Hoy los sondeos no ofrecen una fotografía uniforme. El CIS todavía coloca al PSOE como primera fuerza, mientras otras mediciones sitúan al PP por delante.

Lo que sí está claro es que la partida sigue abierta y que, para el PSOE, la movilización de su electorado y la relación entre las distintas fuerzas de la izquierda serán dos de los factores decisivos que habrá que observar de aquí a las elecciones.