A woman casts her vote for the referendu
SEVILLA, SPAIN: A woman casts her vote for the referendum on the EU Constitution at an electoral college Sevilla, 20 February 2005 CRISTINA QUICLER/AFP via Getty Images

El voto postal representó el 37% de la participación en las últimas elecciones federales alemanas y el 22,6% de los votos en Austria en 2024. En España, esta modalidad no ha alcanzado el 10% en las últimas décadas, según los datos citados en el artículo.

En Alemania, votar por correo forma parte de la normalidad electoral. Jan Patho, un ciudadano alemán de 43 años, ha recurrido a esta modalidad en distintas elecciones y asegura que volvería a hacerlo. Su confianza, explica, se basa en las garantías que protegen la confidencialidad de los votos y permiten supervisar el proceso.

La experiencia alemana contrasta con la situación de España, donde el voto postal representa una proporción mucho menor del electorado y vuelve a estar en el centro del debate político de cara a las elecciones generales del 29 de noviembre.

En las últimas elecciones federales alemanas, celebradas en 2025, el 37% de los votantes utilizó el voto por correo, según los datos citados en el artículo. En España, en cambio, esta modalidad no ha superado el 10% de participación en las elecciones nacionales o autonómicas desde el año 2000, de acuerdo con las cifras recogidas.

La diferencia no depende únicamente de las normas electorales. También influyen la tradición, la facilidad para solicitar el voto y la confianza que los ciudadanos depositan en las instituciones encargadas de organizar los comicios.

Alemania y Suiza, dos modelos consolidados

Alemania permite votar por correo desde 1957. Desde una reforma legal aprobada en 2008, los ciudadanos pueden solicitar la documentación electoral sin tener que justificar por qué no acudirán presencialmente a las urnas.

El procedimiento contempla medidas para proteger el secreto del voto y comprobar que se cumplen los requisitos formales. Además, los ciudadanos pueden acudir a los colegios electorales como observadores durante el recuento.

Patho destaca precisamente la existencia de normas estrictas y mecanismos de supervisión. En su opinión, estas garantías permiten confiar en que los votos se tramitan correctamente, aunque no se depositen de forma presencial.

El sistema alemán tampoco ha estado libre de controversias. Durante las elecciones federales de 2025 circularon en redes sociales vídeos y mensajes que denunciaban un supuesto fraude relacionado con el voto postal. Entre ellos figuró una grabación que pretendía mostrar la destrucción de papeletas favorables a Alternativa para Alemania (AfD), señalada posteriormente como parte de una campaña de desinformación.

Pese a estas polémicas, el voto por correo continúa siendo una modalidad ampliamente utilizada en el país.

En Suiza, la documentación electoral se envía al domicilio de los votantes varias semanas antes de cada convocatoria. Los ciudadanos pueden devolver sus papeletas por correo o acudir personalmente a votar.

El procedimiento incluye documentación específica y un sistema de doble sobre, además de medidas para evitar que una misma persona vote más de una vez. La organización anticipada permite que una parte importante de los sufragios llegue a las oficinas postales y municipales antes de la jornada electoral.

En ambos países, la confianza se apoya en un conjunto de normas y controles, no únicamente en el hecho de que el elector entregue su papeleta en persona.

La desconfianza también tiene consecuencias políticas

Para Ignacio Lago, catedrático de Ciencia Política de la Universidad Pompeu Fabra, cuestionar la fiabilidad del voto por correo puede terminar erosionando la confianza en las propias instituciones.

El debate se intensificó en Estados Unidos después de que Donald Trump denunciara un supuesto fraude en las elecciones presidenciales de 2020. Las acusaciones situaron el voto postal en el centro de la disputa política, pese a que las autoridades electorales, los tribunales y distintas investigaciones no encontraron pruebas que respaldaran las denuncias de fraude generalizado.

Sin embargo, la desconfianza hacia esta modalidad no tiene el mismo origen en todos los países europeos.

Francia, por ejemplo, abolió el voto por correo para los electores que votan dentro del país en 1975, después de varios episodios de fraude relacionados con la interceptación y manipulación de papeletas. En su lugar, el sistema permite recurrir al voto por procuración: una persona que no puede acudir a las urnas autoriza a otra para votar en su nombre, conforme a las reglas establecidas.

Los franceses residentes en el extranjero cuentan con otras opciones en determinadas elecciones, entre ellas el voto postal y electrónico para elegir a sus representantes parlamentarios.

En Bulgaria, por su parte, la falta de confianza en las garantías electorales ha dificultado la implantación de nuevas modalidades de sufragio. El analista político Parvan Simeonov considera que el voto por correo no reúne actualmente las condiciones necesarias para asegurar el secreto y el carácter personal de la votación.

El país ha recurrido al voto electrónico mediante máquinas para intentar reducir errores y papeletas nulas, pero este sistema también ha generado controversias y no ha alcanzado un consenso político pleno.

Polonia y Austria muestran caminos diferentes

Polonia ha alternado periodos de mayor y menor acceso al voto postal. La modalidad se introdujo en 2011 y llegó a estar disponible para todos los ciudadanos en las elecciones presidenciales de 2015. Tres años después, el Gobierno restringió su uso principalmente a personas con discapacidad.

Durante la pandemia, las autoridades intentaron recuperar el voto por correo para las presidenciales de 2020. La propuesta contemplaba transferir funciones electorales a la empresa postal pública, pero el plan no salió adelante y los comicios acabaron celebrándose en junio y julio. Posteriormente, el voto postal volvió a quedar limitado a determinados colectivos.

Austria ofrece otro ejemplo de utilización de mecanismos alternativos. En las elecciones parlamentarias de 2024, el voto por correo representó el 22,6% del total, según los datos citados. La presencia de representantes de los partidos durante la votación y el recuento forma parte de los mecanismos de supervisión del proceso.

Para algunos electores, la principal ventaja de estas fórmulas es que permiten votar a quienes, por motivos laborales, personales o de desplazamiento, tienen dificultades para acudir a un colegio electoral.

Jenny, una trabajadora de recepción de un hotel en las islas Cícladas, en Grecia, utiliza el voto postal desde 2015 y considera que facilita la participación de personas que, de otro modo, podrían quedarse fuera del proceso. A su juicio, la posibilidad de supervisar el recuento ayuda a responder a las dudas sobre la imparcialidad.

España afronta una nueva campaña de dudas sobre el voto postal

En España, el debate sobre la seguridad del voto por correo ha vuelto a ganar protagonismo antes de las elecciones generales del 29 de noviembre. La controversia coincide con el periodo de solicitud de esta modalidad y con las críticas de distintos dirigentes políticos al sistema.

El procedimiento español exige la identificación del elector durante la solicitud y la entrega del voto. La documentación electoral incluye elementos específicos para tramitar cada sufragio y existen mecanismos para invalidar documentación en caso de pérdida o sustracción.

Mario González, un elector de 26 años que ha votado por correo en al menos tres ocasiones, afirma que volvería a utilizar esta vía. Considera que las distintas medidas de seguridad hacen difícil que se produzca un fraude sin ser detectado.

La comparación con otros países plantea una cuestión que va más allá de las normas: disponer de controles electorales no garantiza por sí solo que toda la ciudadanía confíe en ellos. La experiencia de Alemania y Suiza muestra que la implantación prolongada de una modalidad de voto puede contribuir a normalizar su uso, aunque tampoco elimina las controversias ni las campañas de desinformación.

La confianza depende, por tanto, tanto de las garantías del procedimiento como de la transparencia de las instituciones y de la información que reciben los votantes. Para España, el reto es facilitar la participación sin debilitar la credibilidad del sistema electoral.