Un etiquetador de datos de IA trabajando en una computadora desde una empresa Arun SANKAR / AFP via Getty Images

La inteligencia artificial parece haber superado una primera barrera de adopción en el tejido empresarial español. Según datos recientes, el porcentaje de empresas españolas que utilizan tecnologías de inteligencia artificial ha pasado del 11,4% al 20,5% en apenas un año, un salto que sitúa a la economía española prácticamente en la media del conjunto de la Unión Europea. En 2025, aproximadamente el 20% de las empresas de la UE utilizaba ya tecnologías de IA, frente al 13,5% registrado en 2024, mientras que en 2023 solo el 9,2% de las compañías españolas había adoptado alguna solución basada en esta tecnología.

Dinamarca, Finlandia y Suecia continúan liderando la clasificación europea de adopción empresarial, con tasas de utilización del 42%, 37,8% y 35% respectivamente, muy por encima de la media comunitaria. España, aunque se aleja ya de los porcentajes de un solo dígito registrados hace apenas unos años, sigue lejos de esos países nórdicos, pero su evolución reciente confirma un cambio relevante en el patrón de adopción.

El crecimiento se produce en un momento de transformación regulatoria simultánea. Desde el 2 de agosto de 2026 han comenzado a aplicarse nuevas disposiciones del Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial, y la Comisión Europea, junto con las autoridades nacionales, ha iniciado la fase de aplicación efectiva de buena parte del denominado AI Act. En paralelo, han entrado en vigor obligaciones de transparencia para determinados sistemas de inteligencia artificial y para los contenidos generados de forma artificial, lo que obliga a las empresas europeas a operar bajo un marco de mayor exigencia de gobernanza justo cuando su capacidad tecnológica crece con rapidez.

Los analistas del sector señalan que el porcentaje de adopción, sin embargo, solo cuenta una parte de la historia. Abrir una cuenta en una herramienta de inteligencia artificial generativa, generar imágenes, resumir documentos o incorporar un asistente a las suites ofimáticas puede mejorar la productividad individual de los trabajadores, pero no significa necesariamente que la inteligencia artificial haya transformado de forma estructural el funcionamiento de la empresa. La adopción empresarial entra así en una fase simultánea de mayor capacidad tecnológica y de mayor exigencia normativa, en la que el reto para las compañías españolas deja de ser tanto adoptar la tecnología como saber para qué aplicarla de forma efectiva dentro de sus procesos productivos.