Casa abandonada en la región de Galicia. MIGUEL RIOPA/AFP via Getty Images

Galicia concentra 506.370 viviendas vacías, según los datos del Censo de Población y Viviendas de 2021, una cifra que representa el 28,8% de su parque residencial. El porcentaje prácticamente duplica la media española, situada en el 14,4%, y convierte a la comunidad en la que registra más viviendas vacías del país, según un análisis publicado por El Español.

El dato plantea una aparente contradicción: mientras existen dificultades para acceder a una vivienda, cientos de miles de inmuebles permanecen sin un uso residencial habitual. Sin embargo, expertos consultados por el medio advierten de que esas viviendas no constituyen un conjunto homogéneo que pueda incorporarse automáticamente al mercado.

Despoblación Y Dispersión Territorial

Una de las principales explicaciones está relacionada con la estructura territorial de Galicia. Plácido Lizancos, profesor de la Universidade da Coruña, señala que la comunidad tiene una elevada presencia de viviendas unifamiliares y construcciones dispersas en aldeas y pequeños asentamientos.

A este factor se suma el proceso de despoblación que ha afectado durante décadas a numerosas zonas rurales. Según Heriberto García Porto, secretario xeral de Vivenda e Urbanismo y director del Instituto Galego da Vivenda e Solo, los municipios gallegos de menos de 5.000 habitantes concentran alrededor de 170.000 viviendas vacías, con porcentajes próximos al 46% o 47%.

En muchos de estos lugares, el problema no es únicamente la existencia de viviendas desocupadas, sino la falta de demanda. La pérdida de población también ha reducido los servicios y las oportunidades laborales, lo que dificulta que esas casas vuelvan a ser habitadas.

No Todas Las Viviendas Están Disponibles

El estado de los inmuebles constituye otro obstáculo. Según Lizancos, existen viviendas que podrían utilizarse prácticamente de inmediato, mientras otras requieren rehabilitación o presentan diferentes grados de deterioro. También hay construcciones inacabadas y edificios situados en zonas donde apenas existe actividad residencial.

Además, el propio dato estadístico requiere cautela. García Porto explica que el Censo de 2021 modificó la metodología y utiliza principalmente el consumo eléctrico para determinar la intensidad de uso. Parte de las viviendas clasificadas como vacías podrían ser, en realidad, segundas residencias utilizadas durante periodos muy reducidos.

La Xunta cuenta con programas como Fogar Vivo, destinado a movilizar viviendas hacia el alquiler. Según los datos citados por Quincemil, alrededor de 250 inmuebles se incorporaron al programa durante su primer año.

El caso gallego muestra así que disponer de un elevado número de viviendas vacías no significa necesariamente contar con una solución inmediata al problema residencial. Su localización, conservación y, especialmente, la evolución demográfica determinarán qué parte de ese parque puede volver efectivamente al mercado.