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Partido Popular (PP) leader Alberto Nunez Feijoo (R) and PP's Secretary General Cuca Gamarra JAVIER SORIANO/AFP via Getty Images

La dirigente del PP sostiene que la inseguridad en Ceuta es objetiva y no percibida. Su dato es el único elemento verificable de la discusión, y nadie ha publicado las estadísticas que lo confirmarían o lo desmentirían.

Cuca Gamarra, vicesecretaria de Regeneración Institucional del PP, ha respaldado en Las Mañanas de RNE a la diputada Ana Vázquez, que mostró un spray de gas pimienta en el Congreso para ilustrar la situación de Ceuta.

Gamarra sostiene que el Gobierno critica ese gesto para no hablar de la ciudad. "Esto es como el dicho de que miras el dedo y tapas la luna", respondió cuando se le preguntó si la acción de su compañera había roto la línea de ataque del partido.

Asegura que en el Congreso reciben a diario la recriminación de "ya estáis hablando aquí de Ceuta otra vez", y que el PP seguirá haciéndolo hasta que la situación se resuelva.

El dato que sí se puede comprobar

El elemento sustantivo de la entrevista son las cifras. Gamarra afirma que se están tramitando 37 denuncias por agresión sexual, frente a las 16 que se producían antes en un año, y añade que cree que ha habido muchos más casos sin denunciar.

Las dos cifras no miden lo mismo. Una es el número de expedientes abiertos en este momento, un acumulado; la otra es un promedio anual. Comparar un saldo con un flujo exagera la diferencia, y para valorarla habría que saber en qué periodo se registraron esas 37 denuncias.

También convendría ajustar por población. Ceuta tiene unos 85.000 habitantes y en estas semanas acoge a varios miles de personas más, de modo que el denominador ha cambiado.

Con esas dos correcciones, el aumento se reduce. No desaparece. Ninguna metodología convierte 37 denuncias en un dato irrelevante para una ciudad de este tamaño.

La suposición sobre los casos no denunciados es otra cosa. Puede ser razonable, porque la infradenuncia en delitos sexuales está documentada en todas partes, pero no es un dato y no se puede sumar al anterior.

Objetiva o subjetiva

Gamarra responde al ministro del Interior, que había hablado de inseguridad subjetiva, afirmando que la de Ceuta es objetiva.

Las dos palabras designan cosas distintas. La inseguridad objetiva se mide con delitos registrados. La subjetiva, con encuestas de percepción. Pueden moverse en direcciones opuestas: hay lugares donde la delincuencia baja y el miedo sube, y al revés.

Mientras ninguna de las dos partes publique las estadísticas de criminalidad de Ceuta correspondientes a estos dos meses, la discusión no se puede resolver. El Ministerio del Interior difunde esos balances trimestralmente y son el único árbitro disponible.

Lo que hace un objeto en un hemiciclo

Gamarra califica de "secundaria" la acción de su compañera y dedica buena parte de la entrevista a justificarla.

Esa tensión es la consecuencia previsible del recurso empleado. Un objeto físico en un hemiciclo convierte un argumento estadístico en una imagen, y funciona porque se recuerda. El precio es que la discusión se desplaza al objeto.

Quien saca un spray en el Congreso obtiene cobertura garantizada sobre el spray. Lamentar después que se hable del spray y no de las 37 denuncias describe exactamente el efecto que produce sacarlo.

El propio argumento de Gamarra apunta a lo mismo sin pretenderlo: el dato del que quiere que se hable estaba disponible antes del gesto y no necesitaba de él.

Marruecos y la frase que duró un día

La dirigente popular ha señalado también el recorrido de las críticas del presidente a Marruecos.

Sánchez afirmó en la CNN que el país vecino había fallado en el control de la frontera, y al día siguiente matizó aquella declaración. "Parece que alguien le llamó la atención", ha comentado Gamarra, que reprocha al presidente que se pase el día agradeciendo a Rabat en lugar de mostrar firmeza.

La secuencia de las dos declaraciones es comprobable. La explicación sobre por qué se produjo la corrección es una lectura suya.

El punto en el que coinciden los dos

Gamarra termina preguntándose por qué no se materializa la disposición de Marruecos a colaborar en el retorno de quienes entraron en julio, y reclama que el Estado envíe funcionarios suficientes para agilizar la tramitación de los expedientes.

Esa petición coincide con el cuello de botella que el propio Gobierno reconoce. Devolver a alguien exige identificarlo, abrir expediente individual y tramitarlo con el país de origen, y sin ese trabajo previo ninguna de las soluciones que se discuten puede ejecutarse.

Es la parte de su intervención sobre la que nadie discrepa, y la que no ha generado ningún titular.