SPAIN-MOROCCO-POLITICS-MIGRATION-EU
Spanish soldiers are seen increasing security presence near the Benzu border crossing which separates Spain's north African territory of Ceuta and Morocco on September 22, 2026. Antonio Sempere / AFP via Getty Images

España afronta este miércoles una nueva jornada de tensión en Ceuta con la frontera reforzada y la mirada puesta en Marruecos. Las llamadas difundidas en redes para intentar entrar de nuevo en la ciudad autónoma han obligado al Gobierno a mover ficha antes de que la situación vuelva a desbordarse.

Esta vez, Madrid asegura estar actuando con antelación. Interior ha reforzado el dispositivo policial y la vigilancia fronteriza, mientras Exteriores mantiene contactos con Rabat para intentar frenar cualquier nuevo intento de entrada. A primera hora de este miércoles, sin embargo, no se habían registrado movimientos importantes ni en el lado español ni en el marroquí y el paso del Tarajal permanecía tranquilo.

El cambio más llamativo se ha producido en el discurso del propio Pedro Sánchez. Después de semanas defendiendo la relación estratégica con Marruecos y evitando responsabilizar públicamente a Rabat, el presidente reconoció en una entrevista con CNN que el mecanismo de control fronterizo marroquí "falló" durante la crisis de julio.

Sánchez aseguró que España ha pedido a Marruecos "respuestas y acciones" por lo ocurrido, aunque insistió en que la relación bilateral continúa siendo positiva. En la misma entrevista también reclamó mayor solidaridad a los socios europeos ante una crisis que, según defendió, afecta a una frontera exterior de la Unión Europea.

Contactos directos con Rabat

El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ha mantenido contactos frecuentes con su homólogo marroquí, Nasser Bourita. Ambos tienen previsto abordar la situación de Ceuta y el retorno de migrantes durante su presencia en Nueva York con motivo de la Asamblea General de Naciones Unidas.

Albares también ha confirmado que España está trabajando con las autoridades marroquíes para prevenir la convocatoria difundida para este 23 de septiembre. El Gobierno sostiene que los mensajes que circulan por redes no tienen, por ahora, el mismo impacto que los que precedieron a la entrada masiva de julio.

Exteriores ha activado además una campaña contra la desinformación. La Embajada y los consulados españoles han trasladado a medios marroquíes información sobre las consecuencias de intentar entrar irregularmente en Ceuta y Melilla. El objetivo es cortar de raíz algunos de los mensajes que, según el Gobierno, pueden estar alimentando nuevas expectativas entre quienes pretenden cruzar.

La diplomacia española juega así una partida delicada. Necesita la colaboración de Marruecos para contener la presión migratoria, pero al mismo tiempo intenta evitar que esa cooperación termine convirtiéndose en una dependencia absoluta de lo que decida hacer Rabat en cada momento.

Una frontera mucho más vigilada

Mientras se desarrollaban esos contactos, Ceuta se preparaba para una jornada marcada por la incertidumbre.

Interior incrementó el despliegue de las fuerzas de seguridad. La Policía Nacional incorporó 75 agentes de la Unidad de Intervención Policial y la Guardia Civil sumó efectivos de los Grupos de Reserva y Seguridad. También se reforzaron los medios de vigilancia aérea con dos drones y un helicóptero.

El dispositivo responde a una convocatoria que circula en redes, pero hasta el momento no se ha traducido en una movilización comparable a la registrada durante la crisis de julio.

En el Tarajal, uno de los principales puntos de acceso, la mañana comenzó con normalidad. Al otro extremo de la ciudad, en la zona de Benzú, la vigilancia se mantiene especialmente activa ante la posibilidad de movimientos hacia la frontera.

La diferencia respecto a la crisis anterior es evidente: esta vez las autoridades españolas conocen de antemano que existe una convocatoria y han tenido margen para preparar el dispositivo.

Marruecos, la incógnita que sigue abierta

El problema para España es que buena parte de la respuesta depende de lo que ocurra al otro lado de la frontera.

El Gobierno confía en que Marruecos adopte medidas preventivas y contenga cualquier intento de entrada. Albares ha pedido expresamente esa colaboración y ha mantenido abiertos los canales de comunicación con Rabat.

Pero el propio cambio de discurso de Sánchez revela que la confianza no es absoluta. Reconocer que el sistema de control fronterizo marroquí falló durante la crisis anterior supone admitir públicamente que la estrategia española también está condicionada por la actuación de un país vecino.

Por ahora, las autoridades marroquíes parecen estar reforzando la vigilancia y los llamamientos detectados en redes presentan, según las autoridades españolas, una estructura menor que los registrados antes de la crisis de julio. Aun así, no existe garantía de que la convocatoria vaya a desaparecer por completo.

En Ceuta, mientras tanto, la población sigue pendiente de la frontera. Después de la entrada masiva de decenas de miles de personas registrada en julio, cualquier nuevo movimiento genera inquietud.

La diferencia esta vez es que el Gobierno no puede alegar que la amenaza haya aparecido de repente. Las alertas estaban sobre la mesa y el dispositivo se ha preparado con antelación. Ahora queda por comprobar si esa prevención es suficiente y, sobre todo, qué hará Marruecos ante una nueva presión sobre la frontera.