As Conchas sigue contaminado pese a la sentencia que obliga a actuar a las administraciones
Reclaman medidas sobre más de 300 explotaciones ganaderas y advierten de que la degradación del río Limia también afecta a aguas de Portugal.

Más de un año después del fallo judicial que señaló la inacción de la Xunta y del Gobierno central, los vecinos denuncian que la contaminación del embalse de As Conchas persiste. Reclaman medidas sobre las más de 300 explotaciones ganaderas de la zona y advierten de que el problema también afecta a aguas que llegan a Portugal.
"Dios mío, ¿cómo podéis vivir aquí?". Es la pregunta que Merche Álvarez escucha de algunos clientes cuando entran en su tienda de electrodomésticos, situada a escasos 50 metros del embalse de As Conchas, en Ourense. El olor que desprenden sus aguas es, según denuncia, tan intenso que ha tenido que recurrir a ambientadores para intentar disimularlo.
A sus 60 años, Merche recuerda una infancia muy distinta. Cuando era niña, podía adentrarse varios metros en el embalse sin perder de vista el fondo. Su padre bajaba a pescar los domingos, su madre preparaba tortillas junto a la orilla y, durante el verano, familias de toda la comarca de A Limia se reunían para bañarse y pasar el día.
Ahora, asegura que el agua presenta un aspecto verdoso y desprende un hedor insoportable. Para ella, la degradación del entorno no solo ha destruido un lugar ligado a sus recuerdos familiares, sino que también ha convertido su hogar en un espacio del que siente vergüenza ante quienes lo visitan.
"Es como si entrasen en tu casa y la encontrasen hecha un desastre. Quieres que la tierra te trague, aunque en este caso no tengamos ninguna culpa", lamenta.
Una sentencia judicial que todavía esperan ver cumplida
En marzo de 2025, Merche y otros seis vecinos decidieron acudir a los tribunales con el apoyo de organizaciones ecologistas e investigadores universitarios. Su objetivo era denunciar los efectos de décadas de vertidos procedentes de las explotaciones ganaderas de la zona.
Cuatro meses después, obtuvieron una sentencia que, según la información publicada sobre el caso, reconoció la responsabilidad de la ganadería intensiva en la degradación ambiental y señaló la inactividad de la Xunta y de la Confederación Hidrográfica Miño-Sil, dependiente del Gobierno central.
El fallo consideró vulnerados los derechos fundamentales de los vecinos por la falta de actuación de ambas administraciones y les ordenó adoptar de inmediato las medidas necesarias para revertir la contaminación. La resolución adquirió firmeza en febrero de 2026.
Sin embargo, los afectados aseguran que la situación del embalse apenas ha cambiado. Pablo Álvarez, presidente de la Asociación de Vecinos de As Conchas, denuncia que las administraciones no han respondido con la urgencia exigida por los tribunales.
Ante la falta de avances, los vecinos solicitaron en septiembre la ejecución forzosa de la sentencia para intentar que se cumplan las medidas ordenadas judicialmente.
Una moratoria que no afecta a las granjas existentes
La Xunta ha planteado una moratoria de dos años que impediría abrir nuevas explotaciones ganaderas o ampliar las ya existentes en la cuenca del Limia. La iniciativa supone un primer anuncio de actuación, pero los vecinos consideran que no resuelve el problema de fondo.
Su principal crítica es que la medida limita las futuras instalaciones, pero no modifica la actividad de las más de 300 explotaciones que ya funcionan en la zona y a las que atribuyen buena parte de la carga contaminante.
Además, advierten de que la moratoria establece un periodo fijo de dos años, mientras que, según su interpretación de la sentencia, las restricciones deberían mantenerse hasta que se haya revertido la degradación ambiental.
"Está bien que no se abran más, pero mientras no hagamos nada con las que ya existen, el problema seguirá siendo el mismo", sostiene Pablo Álvarez.
El representante vecinal cita datos atribuidos a la Confederación Hidrográfica Miño-Sil, según los cuales las granjas de la zona generan una carga contaminante equivalente a la de 2,1 millones de personas, frente a una población de unos 19.000 habitantes en el área.
La contaminación también preocupa en Portugal
La degradación del agua no se limita al entorno de As Conchas. Los científicos que colaboran con la asociación vecinal han detectado durante el verano proliferaciones de cianobacterias en el embalse de Lindoso, situado en Portugal.
El río Limia continúa después su recorrido hacia el embalse de Touvedo, donde los afectados aseguran que también se han observado problemas similares.
La preocupación aumenta porque, según la asociación, las aguas de esta zona se utilizan para abastecer a cerca de 150.000 personas. La evolución de la contaminación adquiere así una dimensión transfronteriza que, sostienen los vecinos, exige una respuesta coordinada.
Desde Amigas de la Tierra, organización ecologista que participó en el litigio, consideran que será necesario reducir el impacto de las explotaciones existentes. Al mismo tiempo, reclaman que las medidas no castiguen indiscriminadamente a los ganaderos y que las administraciones impulsen planes de transición que permitan adaptar la actividad y proteger los medios de vida del sector.
Campamentos infantiles junto al embalse
Los vecinos también cuestionan que algunos municipios, como Muíños, continúen organizando campamentos infantiles y competiciones deportivas junto al embalse pese a las preocupaciones sanitarias que denuncian.
Los afectados consideran contradictorio que se mantengan estas actividades mientras, según afirman, persisten los problemas ambientales y no se han aplicado las medidas que reclaman.
La situación ha convertido la recuperación del embalse en una lucha que va más allá de la calidad del agua: los residentes reclaman que se proteja su entorno, se cumpla la resolución judicial y se garantice que las generaciones futuras puedan volver a disfrutar del lugar.
Para Merche, la pérdida tiene también una dimensión personal. Su hija nunca pudo vivir los veranos que ella recuerda, con jornadas de pesca, comidas familiares y baños en unas aguas que antes eran transparentes.
"Es muy duro sentir vergüenza por el lugar en el que vives", concluye.

