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Protestors hold banners against the presence of Israeli tech companies at the Mobile World Congress (MWC), the world's biggest mobile technology showcase and fair, on March 2, 2026 in Barcelona Manaure Quintero / AFP via Getty Images

Más de 1.200 millones de euros de capital público español y europeo están comprometidos en los fondos analizados. Junto al Estado aparecen fondos de pensiones extranjeros, aseguradoras, grandes fortunas familiares y hasta fondos soberanos del Golfo

Cuando se habla de capital riesgo, los nombres que suelen aparecer son los de las gestoras que compran empresas, buscan oportunidades y deciden cuándo venderlas. Pero detrás de esas operaciones hay otros protagonistas que rara vez salen en escena: los inversores que ponen el dinero.

Son los llamados limited partners (LP), los partícipes de los fondos. En la mayoría de los casos no intervienen en la gestión diaria ni deciden qué compañías se compran. Su función es aportar el capital que después manejan las gestoras.

Y la composición de ese dinero es bastante más diversa de lo que puede parecer. En los fondos analizados aparecen organismos públicos españoles y europeos, fondos de pensiones de otros países, aseguradoras, grandes patrimonios familiares y capital procedente de países del Golfo.

El análisis reconstruye los inversores de 30 vehículos pertenecientes a nueve gestoras españolas. Entre ellas están algunas de las firmas más conocidas del sector, como Portobello, Nazca, MCH, Alantra, Miura y ProA.

La información disponible depende en buena medida de dónde esté registrada cada gestora. Las sociedades domiciliadas en España deben presentar las cuentas de sus fondos y hacer públicos los inversores que superan determinados niveles de participación. La trazabilidad es menor cuando los vehículos se registran fuera del país.

Es el caso de Luxemburgo, utilizado por algunas gestoras españolas para domiciliar sus fondos. Magnum, por ejemplo, lanzó durante años sus vehículos desde el Gran Ducado y recientemente registró su propia gestora en España. GPF mantiene también una estructura mixta, con la matriz española y los vehículos de inversión en Luxemburgo.

El Estado está entre los grandes financiadores

Uno de los datos que sobresale en el mapa es el peso del dinero público.

Innvierte, el programa de coinversión del CDTI, aparece como uno de los principales financiadores. Ha comprometido 123,2 millones de euros en el fondo aeroespacial y de defensa de Nazca, equivalente al 49% del vehículo. En el cuarto fondo de Alantra aporta otros 119,8 millones, el 48%, y en el tercero de la misma gestora otros 100 millones, el 25,7%.

También destaca Fond-ICO Global, el fondo de fondos del Estado gestionado por Axis, filial del ICO. Su mayor compromiso dentro de la muestra está en el cuarto fondo de Miura, con 127,6 millones de euros, el 26,9% del vehículo.

Fond-ICO también ha comprometido 90 millones en el cuarto fondo de ProA, un 14,9%. En Portobello aporta 76,3 millones; en el tercer fondo de Artá, 59,8 millones, y en el vehículo de Hyperion, 45 millones, cerca de un tercio del capital.

Hyperion tiene además una particularidad: está dirigido por el expresidente del PP Pablo Casado junto a Ricardo Gómez-Acebo, sobrino de la presidenta del Banco Santander.

A este capital se suma el Fondo Europeo de Inversiones. La institución europea participa en al menos seis de los fondos analizados. Ha comprometido 80 millones en el Fondo IV de Portobello, el 13,3% del vehículo, y otros 51 millones en el Fondo III.

En Nazca participa en tres fondos, con 54,1 millones en el cuarto, equivalente al 18,1%, y 30 millones en el quinto, el 20%. En el fondo de impacto de Miura su participación alcanza el 37,3%, con 40 millones comprometidos.

En conjunto, Innvierte, Fond-ICO Global y el Fondo Europeo de Inversiones convierten al sector público español y europeo en el mayor bloque de financiación identificado en la muestra.

Más de 1.200 millones de dinero público

El peso del capital público cambia considerablemente de una gestora a otra. Algunas dependen mucho más de estos recursos que otras.

Alantra concentra cerca de 240 millones de euros procedentes de capital público entre Innvierte y otros organismos. Nazca suma unos 218 millones y Portobello, 207 millones.

En total, los fondos analizados tienen comprometidos más de 1.200 millones de euros de dinero público español y europeo.

El resto del capital procede principalmente de inversores institucionales extranjeros. Entre ellos destacan los fondos de pensiones y los fondos de fondos, vehículos que agrupan el dinero de distintos inversores.

Las pensiones extranjeras también financian las compras

Uno de los inversores privados que más se repite es SAGA, el fondo de fondos del banco danés Danske. Es el principal inversor privado de dos vehículos de Nazca: aporta 67,1 millones al Fondo IV, un 22,4%, y otros 50 millones al Fondo V, un 33,3%.

Los fondos de pensiones también tienen una presencia importante.

El holandés PGGM es el mayor inversor privado del Fondo III de Portobello, con 42 millones de euros, el 11,2%. El danés PKA aporta 60 millones al tercer fondo de ProA, un 12,3%.

En otros vehículos aparecen planes de pensiones vinculados a los trabajadores de Raytheon, Lloyds Bank o del condado inglés de Hampshire. También hay fondos relacionados con los trabajadores del sector marítimo finlandés, la operadora holandesa KPN y cajas suizas como Suva.

En la práctica, una parte del dinero destinado a adquirir empresas españolas procede de los ahorros destinados a las pensiones de trabajadores de otros países.

Entre los inversores aparece también un nombre poco habitual en este tipo de operaciones: la Universidad de Notre Dame, en Indiana. Su fondo patrimonial tiene comprometidos 39 millones de euros en el tercer fondo de Miura, el 12% del vehículo, lo que lo convierte en el mayor inversor privado conocido de ese fondo.

El capital español está más repartido

Los inversores privados españoles tienen un peso más reducido y aparecen sobre todo a través de aseguradoras, mutualidades y vehículos vinculados a colegios profesionales.

Buenavista, la antigua GED, es uno de los ejemplos más claros. La Mutualidad General de la Abogacía es su principal inversor privado, con 13 millones de euros en el segundo fondo, el 11,2%, además de mantener una posición en el primero.

También participan la Hermandad Nacional de Arquitectos, la Mutua de Propietarios, la Mutualidad de Procuradores y la Previsión Mutua de Aparejadores.

Las aseguradoras completan este grupo. Entre ellas figura la francesa CNP Assurances, que participa en dos fondos de Portobello a través de diferentes compartimentos.

En ProA, Nationale-Nederlanden es el mayor inversor privado conocido del cuarto fondo, con 60,5 millones de euros, el 10% del capital. En ese mismo vehículo, sin embargo, alrededor de tres cuartas partes del capital no están identificadas.

También aparecen aseguradoras españolas como Caser y Pelayo, además de Loreto Mutua, vinculada a los pilotos.

Omán, Abu Dabi y Qatar entran en escena

El capital soberano de los países del Golfo tiene también presencia en algunos de estos fondos.

MCH cuenta con dos vehículos Spain Oman creados como instrumentos de coinversión entre España y Omán. En el primero, el fondo soberano omaní aporta 100 millones de euros, el 48,9% del capital. En el segundo, aporta otros 50 millones, equivalentes al 49%.

La mayor parte del resto del dinero procede del FIEX, el fondo público español gestionado por COFIDES para apoyar la internacionalización de empresas. MCH mantiene una participación cercana al 2%.

La fórmula tiene además otros ejemplos. En el segundo fondo ibérico de ProA aparece Orange Star, un vehículo holandés que aporta 50 millones de euros, el 14% del capital. Detrás de esta sociedad está el fondo soberano de Abu Dabi.

Portobello, por su parte, trabaja en una operación similar con Qatar.

El resultado es un mapa de financiación en el que coinciden recursos públicos españoles y europeos, grandes inversores institucionales, patrimonios familiares y capital soberano extranjero. En muchos casos, el dinero no aparece directamente a nombre de su propietario final, sino a través de fondos y sociedades domiciliadas en otros países, lo que hace más difícil seguir su recorrido.