304 millones públicos y un nuevo socio: el Gobierno entra en el megaproyecto de hidrógeno de Moeve
La operación mantiene a Moeve como accionista mayoritario y plantea dudas sobre el coste real, la rentabilidad y los compradores del hidrógeno producido.

Moeve sustituye al grupo de Abu Dabi por Cofides y Hy24 en Onuba. No ha explicado por qué se marcha Masdar ni cuánto pagan los que llegan, y esas son las dos cifras que permitirían valorar la operación.
Moeve ha anunciado la entrada de Cofides, la institución financiera público-privada española, y de Hy24, el fondo de hidrógeno respaldado por Ardian, en el accionariado de Onuba, su proyecto de hidrógeno verde en Palos de la Frontera.
Ambos asumen conjuntamente el 29% que estaba previsto para Masdar, el grupo de renovables de Abu Dabi. La estructura queda con Moeve como mayoritario al 51%, Cofides y Hy24 con el 29%, y Enagás Renovable junto a Alter Enersun repartiéndose el 20% restante.
El anuncio coincide con el inicio de las obras de la primera fase, que contempla más de 1.000 millones de euros de inversión. La planta arrancará con 300 megavatios de electrólisis, ampliables en otros 105, e incluye una instalación fotovoltaica de autoconsumo. Producirá unas 45.000 toneladas anuales de hidrógeno renovable.
Los 454 millones son dos cosas distintas
La cifra que ha circulado suma dos conceptos que no se comportan igual.
Por un lado, 304 millones de euros de ayuda pública concedida con cargo al Plan de Recuperación, financiado con fondos NextGenerationEU. Es una subvención: sale del presupuesto y no vuelve.
Por otro, los cerca de 150 millones en que fuentes del mercado valoran la participación de Cofides. Eso es una inversión. Compra un porcentaje del capital, da derecho a los beneficios futuros y puede venderse. Si el proyecto funciona, se recupera con retorno; si no, se pierde como cualquier otra participación.
Sumarlos produce una cifra que mide la implicación pública en la operación, no su coste para el contribuyente. La distinción importa, porque un titular de 454 millones sugiere un desembolso a fondo perdido que solo corresponde a dos tercios de esa cantidad.
Por qué esto no funciona sin dinero público
El hidrógeno verde tiene hoy un problema de precio, no de tecnología.
Producirlo mediante electrólisis con electricidad renovable cuesta bastante más que obtenerlo del gas natural, que es como se produce casi todo el hidrógeno industrial que se consume. Ningún comprador paga voluntariamente un sobrecoste por un producto químicamente idéntico.
La diferencia se cierra por dos vías. Una es la subvención directa, que es lo que hacen esos 304 millones. La otra es la regulación: la normativa europea obliga progresivamente a incorporar hidrógeno renovable en el refino y combustibles sintéticos en la aviación, creando una demanda que no existiría por precio.
Esto significa que la viabilidad de Onuba no depende del mercado actual, sino de que esas obligaciones se mantengan y se cumplan en el calendario previsto. Es una apuesta regulatoria tanto como industrial, y conviene tenerlo presente al leer cualquier proyección sobre el proyecto.
La salida que no se explica
El dato más informativo del anuncio es el que no viene acompañado de razones.
Masdar figuraba en marzo como socio de la primera fase. Ahora sale del capital y se queda únicamente como proveedor de electricidad renovable a través de Saeta Yield. Moeve no ha dado explicaciones ni ha comunicado el importe que desembolsarán los nuevos accionistas.
Caben lecturas muy distintas —reasignación de cartera, desacuerdo sobre condiciones, revisión de expectativas de rentabilidad— y ninguna está respaldada por nada público.
Lo que sí puede situarse es el contexto. En los últimos años, buena parte del sector ha revisado a la baja sus planes de hidrógeno: proyectos cancelados, decisiones finales de inversión aplazadas y calendarios estirados en varios países, ante costes superiores a lo previsto y una demanda que tarda en materializarse. Que un inversor con la capacidad de Masdar se aparte del capital de un proyecto de referencia encaja en ese cuadro, aunque sus motivos concretos sigan sin conocerse.
Un detalle de la estructura accionarial
Hay una particularidad en el reparto que conviene señalar.
Hy24 es el máximo accionista de Enagás Renovable, que a su vez participa en ese 20% final junto con Alter Enersun. De modo que la exposición económica efectiva de Hy24 al proyecto es mayor que la que sugiere el 29% que comparte con Cofides.
Moeve no ha detallado qué porcentaje corresponde individualmente a cada uno de los dos nuevos socios, así que no es posible calcular el peso real de cada parte. Con los datos publicados, el conjunto del capital privado no español en Onuba es mayor de lo que aparenta la lectura rápida del comunicado.
Lo que hay que mirar a partir de ahora
Una planta de hidrógeno sin compradores comprometidos es una instalación cara. La cifra decisiva no son los megavatios ni los millones de inversión, sino los contratos de venta a largo plazo: quién se compromete a comprar esas 45.000 toneladas anuales, durante cuántos años y a qué precio.
Moeve tiene una ventaja en ese frente, porque su propia refinería de Huelva y la planta de biocombustibles que producirá SAF y HVO desde 2027 pueden consumir parte de la producción. Consumir uno mismo lo que fabrica resuelve el problema del cliente, aunque no el del precio.
Conviene también no confundir escalas. El Valle Andaluz del Hidrógeno Verde anuncia 2.000 MW de electrólisis repartidos entre Palos de la Frontera y San Roque. Lo que se empieza a construir son 300, ampliables a 405. El resto es intención.
Y la estimación de más de 8.000 empleos que maneja Moeve incluye directos, indirectos e inducidos, y abarca desarrollo, construcción y puesta en marcha. La mayor parte corresponde a la obra, que termina. Una planta industrial de este tipo, en operación, emplea a una fracción muy pequeña de esa cifra.
Quién puede irse y quién no
El reparto de riesgos de esta operación tiene una forma que se repite en los grandes proyectos con apoyo público.
Los 304 millones de subvención se conceden al principio, cuando el proyecto es una promesa, y no son reversibles. Los socios privados entran y salen según su cálculo de rentabilidad, como acaba de demostrar Masdar sin necesidad de explicar nada.
El Estado fija su exposición en la primera página del expediente. Los demás pueden revisar la suya cada año.





















