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A local police officer flies a drone warning people to respect safety rules on a beach in Lloret de Mar on June 22, 2020 JOSEP LAGO/AFP via Getty Images

Dos F-18 despegaron de madrugada por un grupo de objetivos aéreos detectado sobre territorio ucraniano. El ministerio rumano no ha registrado incursiones en su espacio aéreo.

Dos cazas F-18 del Ala 12 del Ejército del Aire y del Espacio despegaron esta madrugada de la base Mihail Kogălniceanu, en Rumanía, después de que el sistema de vigilancia radar del Ministerio de Defensa rumano detectara a las 4:41 hora local un grupo de objetivos aéreos al norte de la localidad de Chilia Veche.

La detección se produjo en territorio ucraniano, cerca de la frontera rumana. El Centro Nacional Militar de Mando activó un aviso RO-Alert para la población del norte del distrito de Tulcea. Los aviones españoles, que prestan servicio en la Misión de Policía Aérea Reforzada de la OTAN, salieron a monitorizar la situación. La alerta terminó a las 5:44.

El ministerio rumano precisó en un comunicado que no se registraron incursiones en el espacio aéreo nacional.

Alpha y Tango

Los pilotos distinguen dos tipos de activación, y la diferencia explica la rutina de la base.

Un Tango Scramble es un despegue de adiestramiento. Los aviones salen a practicar maniobras disuasorias y ejercicios programados. La noche anterior a esta alerta, dos F-18 hicieron uno de esos vuelos durante dos horas sobre cielo rumano.

Un Alpha Scramble es real. Se activa cuando el radar detecta una traza que requiere identificación o seguimiento, y los aviones despegan con la tripulación que está de guardia, a cualquier hora.

En agosto, los pilotos españoles atendieron quince Alpha Scramble. Este ha sido el cuarto de septiembre.

Un caza por un dron

La operación tiene un problema de proporción que la OTAN lleva dos años discutiendo.

Un dron de largo alcance del tipo empleado en esta guerra cuesta, según las estimaciones más citadas, algunas decenas de miles de dólares. Fabricarlo es barato y lanzarlo en enjambre, también.

Derribarlo cuesta otra cosa. Una hora de vuelo de un F-18 se mide en decenas de miles de dólares, y un misil aire-aire de los que emplean estos aparatos ronda el medio millón o supera el millón, según el modelo. Cada interceptación sale varias veces más cara que el aparato interceptado.

Esa aritmética favorece a quien lanza. Puede repetir la operación indefinidamente a un coste que el defensor no puede igualar, y de ahí que los países aliados estén desarrollando capas de defensa más baratas, con cañones, sistemas de guerra electrónica y drones interceptores, para no responder a cada aparato con un caza.

Mientras esas capas no estén operativas, la respuesta sigue siendo la que se aplicó esta madrugada.

Para qué sirve repetir la maniobra

La frecuencia de estas alertas no responde solo a la dinámica del frente.

Cada activación revela información: cuánto tarda la alianza en detectar una traza, cuánto en poner aviones en el aire, hasta dónde llega la cobertura radar, qué reglas de enfrentamiento se aplican y en qué momento se decide disparar. Todo eso se puede observar desde el otro lado sin arriesgar nada valioso.

El episodio de referencia fue el 16 de agosto, cuando dos cazas españoles derribaron un dron ruso en territorio de la OTAN por primera vez. Aquella respuesta despejó una de esas incógnitas.

Lo que dice y no dice el parte

La información disponible procede del ministerio rumano, que habla de un grupo de objetivos aéreos sin atribuirlos en ese comunicado y sitúa la detección en Ucrania.

Ninguna de las alertas de este mes ha derivado en una entrada confirmada en espacio aéreo aliado. Eso no reduce la exigencia sobre el dispositivo, porque la decisión de despegar se toma con la traza en pantalla y sin saber hacia dónde va.

El contingente español llegó a la base a mediados de julio: unos 190 militares, siete F-18 y un A400M. En octubre se le sumarán tres helicópteros NH-90.

Llevan dos meses largos allí y las cifras van en una sola dirección.