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Students, teachers and civil servants take part in a rally to protest against the high cost of living, saying they face the same problems that sparked violent demonstrations in France at the weekend, in Athens on October 21, 2026. Aris MESSINIS / AFP via Getty Images

De París a Tirana, miles de jóvenes salen a las calles para reclamar mejores condiciones educativas, acceso a una vivienda asequible y respuestas políticas a la pérdida de poder adquisitivo. Las movilizaciones, que en algunos países han derivado en enfrentamientos con la Policía, reflejan un malestar que trasciende las fronteras y amenaza con intensificar la polarización política.

Europa afronta una nueva ola de movilizaciones juveniles impulsada por problemas que se repiten en distintos países: precariedad económica, dificultades para acceder a una vivienda, deterioro de los servicios públicos y desconfianza hacia las instituciones. Grecia, Portugal, Albania, Francia e Italia figuran entre los escenarios de unas protestas que también han tenido repercusiones en España y que, en algunos casos, han terminado en disturbios y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.

Para la socióloga italiana Ilaria Pitti, no se trata de un único movimiento juvenil europeo, sino de protestas con causas locales que comparten experiencias similares. La incertidumbre sobre el futuro, la vivienda inasequible, la ansiedad climática y la desilusión política contribuyen a conectar las reivindicaciones de jóvenes de distintos países.

Italia y Francia: protestas y respuestas de seguridad

Milán concentró parte de los incidentes registrados en Italia durante el último fin de semana. Grupos de jóvenes encapuchados destrozaron mobiliario urbano y participaron en saqueos, lo que llevó a la Policía a emplear cargas, gases lacrimógenos y cañones de agua.

El Gobierno de Giorgia Meloni anunció posteriormente nuevas medidas de seguridad, entre ellas el despliegue de 500 soldados adicionales en la ciudad hasta final de año. Pese a ello, han surgido perfiles en redes sociales que buscan coordinar nuevas concentraciones, una muestra del papel creciente de las plataformas digitales en la organización de las movilizaciones.

En Francia, las protestas comenzaron con reivindicaciones relacionadas con la falta de profesores, el deterioro de las infraestructuras educativas y la escasez de recursos en los centros escolares. Las manifestaciones, que se extendieron desde la periferia de París a otras zonas del país, terminaron conectando con un descontento más amplio por la inflación, la precariedad y la pérdida de poder adquisitivo.

El historiador francés Aurélien Dubuisson encuentra paralelismos con el movimiento de los chalecos amarillos de 2018. En ambos casos, las redes sociales contribuyeron a difundir las convocatorias y las demandas iniciales terminaron incorporando reivindicaciones sociales más amplias.

La UNEF, principal organización estudiantil francesa, convocó una nueva manifestación en el centro de París para este sábado, con la previsión de que se sumaran participantes de los chalecos amarillos.

El presidente francés, Emmanuel Macron, anunció restricciones para determinadas concentraciones durante los días siguientes. Según las medidas comunicadas, las autoridades podrán prohibir manifestaciones que no estén convocadas por organizaciones sindicales cuando exista riesgo de alteración del orden público. También se modificaron los recorridos de algunas marchas autorizadas para evitar nuevos daños en comercios y edificios públicos.

La respuesta policial y el riesgo de polarización política

La actuación de las fuerzas de seguridad se ha convertido en otro foco de controversia en Francia. En los días previos se registraron incidentes graves con menores: un joven de 15 años perdió una mano en un suceso relacionado con una granada aturdidora en Lens, mientras que la Fiscalía sospecha que un proyectil antidisturbios causó ceguera parcial a un adolescente de 16 años en Tours.

Dubuisson considera que el uso de la fuerza contra jóvenes, junto con la percepción de que sus demandas no reciben una respuesta política suficiente, puede profundizar la ruptura entre una parte de la juventud y las instituciones.

El historiador también advierte de las posibles consecuencias electorales. A su juicio, la fragmentación de las fuerzas centristas ante una crisis social puede favorecer la polarización y beneficiar a partidos situados en los extremos del espectro político.

En el debate francés, la dirigente de extrema derecha Marine Le Pen ha acusado al Gobierno de haber perdido el control de la situación. Las proyecciones electorales citadas en el artículo apuntan a un avance de la Agrupación Nacional y de La Francia Insumisa, aunque el impacto definitivo de las protestas en las urnas todavía está por determinar.

Grecia: más inversión en educación y vivienda estudiantil

Mientras Francia e Italia tratan de contener temporalmente las movilizaciones, las protestas continúan en Grecia, Albania y Portugal.

En Atenas, miles de estudiantes y docentes marcharon para reclamar residencias estudiantiles asequibles y una mayor inversión pública en educación. Las manifestaciones también se extendieron a Salónica, donde se organizaron acampadas siguiendo el ejemplo de movilizaciones desarrolladas en otras ciudades europeas.

Anna Karlafti, profesora de primaria con 21 años de experiencia, describió a EFE la situación de las escuelas como insoportable. Entre las pancartas de la protesta destacaba un mensaje dirigido a los gobiernos europeos: "De Grecia a Francia, den dinero a la educación".

Las demandas ponen de manifiesto que el malestar no se limita al acceso a la universidad o a las oportunidades laborales, sino que también afecta a las condiciones de funcionamiento de los servicios públicos.

Portugal: las movilizaciones por la vivienda continúan

En Lisboa, los manifestantes acordaron en una asamblea popular volver a ocupar la céntrica plaza del Rossio, esta vez sin tiendas de campaña, después del desalojo policial realizado el martes.

En Oporto también se reanudaron las protestas por el derecho a la vivienda, después de que decenas de personas instalaran un campamento en la ciudad. El Movimiento por la Vivienda, Campamento de Oporto, confirmó una nueva manifestación para el sábado y defendió la continuidad de las movilizaciones.

La dificultad para encontrar una vivienda asequible se ha convertido en una de las principales reivindicaciones de estas concentraciones, que aspiran a reunir a personas más allá del ámbito estrictamente juvenil.

Albania: las protestas estudiantiles se mezclan con el descontento político

En Tirana, los enfrentamientos entre manifestantes y policías mantienen la presión sobre el primer ministro, Edi Rama, quien se ha negado a dimitir.

El malestar estudiantil ha coincidido con la denominada "Revolución de los Flamencos", una movilización contraria a un polémico proyecto turístico vinculado a Jared Kushner, yerno del presidente estadounidense Donald Trump.

El proyecto se ha convertido en un símbolo de las críticas a la gestión del territorio y a la cercanía entre el poder político y los grandes inversores extranjeros. De este modo, las reivindicaciones juveniles han terminado confluyendo con un descontento más amplio sobre la gestión gubernamental.

Un malestar que puede extenderse a otras generaciones

Aunque los jóvenes protagonizan buena parte de estas movilizaciones, sus reivindicaciones afectan a sectores más amplios de la sociedad. La subida del coste de la vida, la dificultad para acceder a una vivienda y el deterioro percibido de determinados servicios públicos son preocupaciones compartidas por numerosas familias.

Ilaria Pitti sostiene que las protestas deben entenderse a partir de las particularidades políticas y sociales de cada país, sin perder de vista los problemas comunes que conectan a sus participantes.

Por su parte, Dubuisson apunta a las políticas de austeridad y a las decisiones presupuestarias como factores que pueden generar efectos similares en