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Torres de alta tensión en Madrid OSCAR DEL POZO/AFP via Getty Images

España vive un momento de boom inversor sin precedentes en el área de los centros de datos, cuyo peso dentro de la inversión total en infraestructura pasó del 5% al 12% en tan solo un año, según expone el informe EY Infrastructure Compass 2025. Sin embargo, ese auge choca de frente con un obstáculo estructural: la capacidad limitada de la red eléctrica española, que amenaza con frenar uno de los sectores más estratégicos para la economía digital del país.

Una saturación que no deja de crecer

Según la última actualización del mapa de capacidad de acceso elaborado por el Foro Industria y Energía (FIE) y Opina 360, el 86,3% de las subestaciones eléctricas españolas se encontraban ya completamente saturadas, de acuerdo con datos correspondientes al 1 de marzo de 2026. El análisis confirma que la red eléctrica española mantiene un elevado nivel de saturación estructural, y que el margen de conexión disponible continúa reduciéndose de forma progresiva.

Otros análisis del sector coinciden en esta lectura: el 80% de los nudos eléctricos del país estarían saturados, según cálculos recogidos por distintos medios especializados, mientras que el 88% de los nudos de distribución dispone de menos de un megavatio de capacidad firme, lo que limita severamente la conexión de nuevos proyectos residenciales o económicos de cierta dimensión.

El impacto directo sobre los centros de datos

Francisco Javier López, responsable de energía de NTT Data, advirtió en una entrevista reciente que la saturación de la red eléctrica ya está frenando proyectos de centros de datos en España. Según detalló, en torno al 41% de las solicitudes de acceso a la red eléctrica están siendo rechazadas o retrasadas actualmente en el país, una situación que afecta tanto a proyectos industriales como a instalaciones renovables y a centros de datos.

"El acceso garantizado a la red es imprescindible para estas infraestructuras. Si la red está saturada, los proyectos no pueden materializarse, aunque exista inversión y demanda", explicó López. Según el directivo, el impacto no es homogéneo en todo el territorio: mientras regiones como Madrid presentan una clara falta de capacidad en determinadas zonas, otras comunidades enfrentan restricciones por motivos distintos.

Un problema con causas diferentes según la región

Ignacio Ormaetxe, experto del Clúster de la Energía del País Vasco, aseguró que la situación de saturación de la red se arrastra desde hace 15 o 20 años, y se ha agravado con el proceso de electrificación de la economía. Según explicó, las conexiones a la red eléctrica pueden ser de dos tipos: para generar energía e inyectarla al sistema —como requieren los parques eólicos o las plantas fotovoltaicas—, o conexiones de demanda, para abastecerse de energía.

Existen casos como los de Sevilla o Málaga, donde la capacidad de la red está agotada por el exceso de plantas fotovoltaicas conectadas. En Cataluña o el País Vasco, la situación es similar, pero por causas distintas: la alta demanda que requiere su economía industrial de gran consumo energético, sumada a la proliferación de proyectos de centros de datos, grandes consumidores de electricidad. En el caso concreto del País Vasco, aspectos como su orografía complican todavía más el desarrollo de nuevos proyectos para ampliar la capacidad de la red.

El problema de las conexiones "fantasma"

Parte del problema, según los expertos consultados, no es únicamente la falta física de capacidad, sino la existencia de cientos de conexiones "fantasma" que colapsan parte de los 43.000 kilómetros de red eléctrica del país. En España existe mucha capacidad concedida que en la práctica nunca llega a ejecutarse: proyectos que compraron de antemano un "espacio" en la red para asegurarse futuras conexiones, pero que en muchos casos ni siquiera se han puesto en marcha, o demoran indefinidamente su conexión efectiva.

Estos retrasos limitan la concesión de nuevos permisos de conexión a otros proyectos que sí podrían tener plazos reales y más efectivos de ejecución. Ante esta situación, el Gobierno ultima una purga de proyectos especulativos para desatascar las redes, y prepara un Real Decreto orientado a liberar la capacidad "secuestrada" por proyectos que no llegan a materializarse.

Un efecto en cascada que bloquea regiones enteras

El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco) ha explicado que el criterio técnico actual de asignación puede generar un "efecto en cascada" que drena capacidad en el resto de nudos que comparten una misma zona, bloqueando peticiones incluso a decenas de kilómetros de distancia del punto original de conexión. En la práctica, un gran centro de datos que solicita paso puede provocar que el sistema bloquee administrativamente los nudos vecinos por precaución, aunque físicamente los cables todavía tengan espacio disponible.

Esta dinámica ha llevado a que, según cifras recogidas por medios especializados citando a la patronal Asprima, el año pasado se concedieran considerablemente menos nuevos puntos de conexión de los que demandaba el mercado, afectando tanto a proyectos de vivienda como a instalaciones industriales y tecnológicas.

Inversiones millonarias para reforzar la red

Frente a este panorama, el nuevo plan de inversiones de Red Eléctrica de España contempla más de 13.000 millones de euros entre 2026 y 2031, destinados específicamente a reforzar infraestructuras y facilitar la integración de fuentes renovables dentro del sistema eléctrico nacional.

López, de NTT Data, plantea además una lectura complementaria del problema: según explicó, los propios centros de datos pueden contribuir a equilibrar el desajuste entre la capacidad de generación renovable y la demanda efectiva, facilitando el aprovechamiento de energía verde que hoy se desperdicia. De hecho, en 2024 España dejó de aprovechar el 1,4% de la energía renovable generada, precisamente por falta de capacidad de la red para transportarla.

Una demanda eléctrica que seguirá creciendo

Según proyecciones de BBVA Research, la electrificación de los hogares, la industria, el transporte y los propios centros de datos intensificará todavía más la competencia por la capacidad eléctrica disponible en los próximos años, con una demanda que podría crecer alrededor de un 45% hasta 2030.

En ese escenario, los proyectos de centros de datos más sólidos ya no serán únicamente los que cuenten con mejor ubicación, más suelo disponible o mayor respaldo financiero, sino aquellos capaces de demostrar acceso real a la energía, un calendario eléctrico creíble, un diseño eficiente, una integración adecuada con la red, y la capacidad de operar sin aumentar la presión sobre un sistema que, según coinciden los expertos consultados, ya opera cerca de su límite estructural desde hace más de una década.