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This photograph shows the European flag surrounded by the national flags of the EU member states flapping in the breeze in front of the Louise Weiss building, headquarters of the European Parliament, in Strasbourg, eastern France on September 17, 2026 Jean-Christophe VERHAEGEN / AFP via Getty Images

Estados Unidos ha alertado a varios países de una posible operación rusa con drones lanzados desde un mercante en el Mediterráneo. La carga de esos aparatos es de cuatro o cinco kilos, y eso explica para qué servirían.

La inteligencia militar danesa advirtió este jueves de que Rusia intensificará su guerra híbrida en Europa y calificó de bajo pero creciente el riesgo de un ataque limitado: drones o misiles contra infraestructuras que sostienen el esfuerzo ucraniano, u operaciones de falsa bandera con aparatos de apariencia ucraniana. Una invasión sigue siendo improbable, aunque ya no se descarta.

Días antes, Estados Unidos había avisado a varios gobiernos europeos de una posible operación con drones Gerbera ocultos en el contenedor de un buque mercante en el Mediterráneo.

El ministro de Defensa italiano, Guido Crosetto, se desmarcó ayer de esa alerta y se negó a confirmarla. "Ya vivimos tiempos difíciles y de gran tensión, y nadie necesita más leña al fuego", escribió.

Cinco kilos de explosivo

Las características del aparato dicen más sobre el objetivo que cualquier análisis.

Un Gerbera vuela a 160 kilómetros por hora, tiene hasta 600 de autonomía y transporta una carga explosiva de cuatro o cinco kilos. Con las alas montadas en cubierta basta una catapulta para lanzarlo. Desde 200 o 300 kilómetros mar adentro alcanzaría puertos, aeropuertos o recintos militares.

Con esa carga no se destruye una infraestructura. Se daña un equipo, se abre un cráter pequeño y, sobre todo, se cierra un aeropuerto durante unas horas.

Ese es el producto. No el daño físico, sino la interrupción, las imágenes y la conversación que viene después. Un aparato diseñado para causar destrucción llevaría mucha más carga y sería mucho menos negable.

Por qué el Mediterráneo complica las cosas

Sobre Polonia o el Báltico, un dron perdido admite explicaciones. La proximidad del frente hace verosímil que un aparato ucraniano se desvíe, y esa ambigüedad ha protegido varias operaciones anteriores.

Frente a las costas del sur de Europa esa coartada no funciona. Nadie va a creer que un dron ucraniano se ha extraviado hasta el Mediterráneo occidental.

Una operación ahí necesitaría otra cosa: sembrar indicios falsos o ampararse en la opacidad de un buque. De ahí el interés del contenedor y del mercante. El Instituto Internacional de Estudios Estratégicos considera probable que una campaña rusa emplease naves de la llamada flota fantasma, los petroleros y cargueros con propiedad opaca y bandera de conveniencia que Rusia utiliza para eludir sanciones.

Un contenedor sellado en un barco cuyo armador real no consta resuelve el problema de la negación sin necesidad de inventar nada.

Lo que ya está ocurriendo

Nada de esto empieza ahora. El ministro de Exteriores polaco, Radoslaw Sikorski, lo resumió a Reuters: "No son sólo amenazas; son ataques reales". Citó incendios provocados, explosiones, incursiones con drones y lo que Varsovia considera una violación deliberada de su territorio con un misil de crucero.

El IISS ha registrado 144 incidentes con drones en trece países, casi la mitad sobre instalaciones militares. En Francia sobrevolaron el campo de Mourmelon, la fábrica de explosivos Eurenco y la base de submarinos nucleares de Île Longue.

El ministro lituano de Exteriores, Kestutis Budrys, procedente del ámbito de los servicios de inteligencia, avisó de que Rusia estudia intensificar la presión de forma horizontal, en sus palabras, o geográfica. Es decir, ampliando el mapa.

El calendario electoral como objetivo

Importante tener en cuenta los proximos acontecimientos que llevan a enteder todo este asunto.

Francia vota dentro de siete meses. Italia y España, en 2027. Y la presión aplicada durante una campaña vale mucho más que en cualquier otro momento, porque no necesita convencer a nadie de nada.

Basta con que el coste de sostener a Ucrania entre en el debate doméstico. Un candidato que pida moderación a Kiev por temor a una escalada produce el efecto deseado sin tener la menor simpatía por Moscú, y con argumentos que a su electorado le resultan razonables.

En Francia, las redes Matrioshka y Storm-1516 han falsificado noticias y logotipos de medios para atacar con bulos sobre salud, drogas o corrupción a presidenciables centristas como Gabriel Attal, Édouard Philippe y Raphaël Glucksmann. Jean-Luc Mélenchon ha preguntado públicamente si la amenaza rusa crece a causa de los ataques ucranianos en profundidad. Agrupación Nacional se ha distanciado del Kremlin, pero Louis Aliot pidió cerrar el grifo de la ayuda y Marine Le Pen sostiene que Francia no puede costear más apoyo financiero.

En Italia, Roberto Vannacci desafía a Meloni por la derecha con una formación anti-UE y prorrusa que ronda el 8%. Pactar con él alejaría al centro; excluirlo divide al bloque conservador antes de 2027.

En España, la crisis de Ceuta ha mostrado la vulnerabilidad del país ante operaciones de zona gris y los fallos de anticipación. Podemos rechaza el envío de armas. Vox condenó la invasión y apoyó a Ucrania, pero su rechazo a más integración europea abre otro flanco.

Por qué Francia

Entre todos los objetivos posibles, Francia es el principal, y la razón es material.

Es la única potencia nuclear de la Unión Europea con autonomía completa. Desarrolla sus propias cabezas y controla sus misiles y plataformas. El Reino Unido tiene arsenal propio, pero sus misiles Trident se diseñan y fabrican en Estados Unidos, proceden de un fondo compartido y se mantienen en la base de Kings Bay, en Georgia.

Eso convierte a París en el único centro de decisión nuclear europeo independiente de Washington. Finlandia ya se ha incorporado a su paraguas y Estonia negocia hacerlo. Francia codirige además con Londres la Coalición de Voluntarios y ha ido más lejos que nadie en las garantías militares a Ucrania.

Debilitar políticamente a Francia rinde más que cualquier otra operación en el continente.

El hueco que Europa no ha tapado

La Agencia Europea de Defensa ha entregado a los líderes del bloque su primer informe anual de preparación, y el resumen ejecutivo al que ha tenido acceso Reuters concluye que los planes actuales de los Estados miembros no parecen suficientes para alcanzar el objetivo de estar preparados en 2030.

Las carencias señaladas son la defensa aérea y antimisiles, el combate terrestre, las fuerzas navales, las reservas de munición y los drones.

Las dos primeras y la última son exactamente las categorías que una campaña de drones baratos pondría a prueba. Jack Watling, investigador del Royal United Services Institute, lo formula sin rodeos: si se produce una retirada importante de la fuerza aérea estadounidense de Europa, a los europeos les faltarán municiones y tripulaciones preparadas a la escala necesaria.

En Moscú, asesores como Serguéi Karaganov sostienen abiertamente que Europa no puede librar una guerra ni proteger a sus aliados sin Washington.

Lo barato y lo caro

Mientras tanto, Ucrania afronta el invierno con escasez grave de interceptores. Zelenski señaló en agosto que los aliados habían entregado en lo que iba de año un tercio de los misiles de defensa aérea suministrados en todo 2025, y Rusia prepara nuevos ataques contra la red energética.

El reparto de costes de todo este asunto es el que explica su lógica.

Lanzar un aparato de cinco kilos de carga desde un contenedor cuesta casi nada y no exige ningún riesgo político. Lo que busca es abrir un debate europeo sobre si merece la pena seguir sosteniendo a Kiev.

Ese debate es gratis, se produce solo y ya ha empezado.