Tercera muerte por virus del Nilo en Andalucía: qué dicen realmente las cifras de la temporad
El fallecido, de 81 años y con patologías previas, contrajo el virus en Mazagón; la comunidad acumula 64 casos y 25 municipios en alerta.

La Consejería de Presidencia, Sanidad y Emergencias ha confirmado el fallecimiento de un hombre de 81 años diagnosticado de fiebre del Nilo Occidental. El paciente, con patologías previas, estaba ingresado en el Hospital San Juan de Dios Aljarafe desde que el 2 de septiembre se le diagnosticó una meningoencefalitis por el virus.
Hay un detalle en el caso que conviene no pasar por alto: residía en Tomares, en el Aljarafe sevillano, pero la exposición al virus se produjo en Mazagón, en el término de Palos de la Frontera, provincia de Huelva. Es decir, se infectó donde pasaba tiempo, no donde vivía. Para cualquiera que veranee en la costa onubense o en las marismas, esa distinción importa más que el mapa de residencia.
La tercera muerte, y las tres con el mismo perfil
Es el tercer fallecimiento por esta causa en Andalucía en lo que va de año. El primero fue el 5 de agosto, un vecino de Dos Hermanas de 82 años; el segundo, el 27 de agosto, un hombre de 89 años de Guadalema de los Quintero, en Utrera.
Las tres víctimas comparten el mismo perfil: edad avanzada y patologías previas. No es una coincidencia estadística, es la forma característica de esta enfermedad. La inmensa mayoría de las personas infectadas no llega a enterarse, y el riesgo de desarrollar una forma neuroinvasiva —meningitis o encefalitis— se concentra de manera muy marcada en mayores y en personas inmunodeprimidas.
Cómo leer los 64 casos
La temporada acumula 64 diagnósticos en humanos en Andalucía: 38 leves y 26 graves, entre ellos los tres fallecidos. Cinco personas siguen hospitalizadas y el resto ha evolucionado favorablemente.
Esa proporción —cuatro de cada diez casos graves— puede resultar alarmante si se lee mal, y merece una explicación. No significa que el virus mate a cuatro de cada diez infectados. Significa que los casos leves, que cursan como un cuadro gripal inespecífico o directamente sin síntomas, rara vez se diagnostican, mientras que ninguna encefalitis pasa desapercibida. El denominador real de infectados en la comunidad es mucho mayor que 64; solo que la mayoría no aparece en ninguna estadística.
Lo que sí indica la cifra de 26 casos graves es la intensidad de la circulación del virus este verano, que es el dato que preocupa a las autoridades sanitarias.
El esfuerzo de vigilancia da una idea de la escala: se han hecho estudios de laboratorio para descartar la infección en 686 personas y despistaje de arbovirosis en 172 casos de meningitis vírica.
Dónde está el riesgo ahora mismo
Veinticinco municipios y tres entidades singulares están declarados área en alerta: dieciséis en Sevilla, seis en Huelva, tres en Málaga, dos en Cádiz y uno en Córdoba. El peso sevillano es abrumador, y se corresponde con la geografía del Guadalquivir y sus marismas.
La vigilancia animal y entomológica completa el cuadro. Se ha detectado circulación del virus en siete aves silvestres de 282 analizadas y en seis équidos. En las trampas de mosquitos, 135 de 7.123 determinaciones han resultado positivas.
En la última semana se ha registrado densidad abundante de mosquitos hembra transmisores en Isla Mayor, La Puebla del Río y Los Palacios y Villafranca, los tres en Sevilla, y densidad alta en la capital malagueña. Son las zonas donde el riesgo de picadura infectiva es mayor en este momento.
Lo que conviene saber, y lo que no hay que temer
Dos aclaraciones que suelen faltar en estas informaciones y que cambian bastante la manera de encajarlas.
La primera: el virus no se transmite de persona a persona. El contagio se produce por la picadura de mosquitos del género Culex, que se infectan al picar aves —el reservorio real de la enfermedad—. Las personas y los caballos son huéspedes finales: se infectan, pueden enfermar, pero no propagan el virus. Nadie necesita aislarse de un vecino enfermo.
La segunda: no existe vacuna para humanos, aunque sí para équidos, y el tratamiento es de soporte. Esto deja la prevención enteramente del lado de evitar la picadura, que es donde cada uno tiene margen real de actuación. Repelente en la piel expuesta, manga y pantalón largos al amanecer y al atardecer —las horas de mayor actividad del Culex—, mosquiteras en las ventanas y, sobre todo, eliminar agua estancada alrededor de la vivienda: platos de macetas, bebederos, cubos, canalones obstruidos. El mosquito no viaja lejos; en muchos casos se cría a pocos metros de donde pica.
Para las personas mayores de los municipios en alerta, esas medidas no son una recomendación genérica. Son, a día de hoy, la única herramienta disponible.





















