San Sebastián se llena de estrellas y estrenos en el último festival de Rebordinos
La última edición de José Luis Rebordinos reúne a Brad Pitt, Werner Herzog y Naomi Watts mientras el festival busca mantener el nivel de su Sección Oficial.

San Sebastián celebra su 74ª edición, la última de José Luis Rebordinos al frente. Su posición en el calendario le garantiza el desfile de figuras y le complica lo que de verdad define a un certamen de clase A: la sección a concurso.
El Zinemaldia vuelve con diez días de programación, una Sección Oficial como eje y la Concha de Oro al final. El jurado lo preside Ira Sachs, que además presenta en España The Man I Love, con Rami Malek.
Los Premios Donostia van este año a Werner Herzog y Naomi Watts. Y la lista de visitantes incluye a Brad Pitt, Orlando Bloom, Marion Cotillard, Penélope Cruz, Eduard Fernández, Jeremy Irons, Jesse Eisenberg, Vincent Lindon, Tsai Ming-liang, Pawel Pawlikowski, Pablo Larraín, Diego Luna, Fernando Trueba, Albert Serra o Fatih Akin, entre bastantes más.
La condición que explica toda la programación
Ser festival de clase A no es una etiqueta de prestigio genérico. Es una acreditación de la federación internacional de productores que exige, entre otras cosas, una sección competitiva formada por estrenos mundiales. San Sebastián es el único certamen español que la tiene.
Ahí está su problema estructural, y explica por qué el cartel se organiza como se organiza.
El festival se celebra en septiembre, después de Cannes en mayo, de Venecia a comienzos de mes y a la vez que concluye Toronto. Cuando le llega el turno, las películas de autor más codiciadas del año ya se han estrenado en otro sitio. Y una película estrenada fuera no puede competir por la Concha.
De esa restricción salen las dos soluciones que estructuran el programa. Perlas recoge lo mejor de lo ya visto en otros certámenes, sin competir, y suele ser la sección con los nombres más sonoros. Y las grandes producciones con estrella se programan en Sección Oficial pero fuera de concurso, que es exactamente el caso de la película de Brad Pitt.
El resultado es un festival que garantiza alfombra roja y llena la competición con lo que puede: primeras obras, cine español de la temporada, autores consolidados sin pase previo y una fuerte apuesta latinoamericana a través de Horizontes Latinos.
No es un defecto de gestión. Es lo que impone la fecha.
El relevo
Rebordinos afronta su decimosexta edición y última. Le sucederá Maialen Beloki, subdirectora desde 2016 y primera mujer al frente del Zinemaldia.
Es una sucesión interna, lo que suele indicar continuidad más que giro. La pregunta que hereda es la de siempre en Donostia: cómo sostener el nivel de la sección a concurso cuando el calendario juega en contra, y si conviene seguir compensándolo con presencia de estrellas o apostar por un perfil más autoral aun a costa de la repercusión.
Diez títulos para orientarse
Geister, de Fatih Akin, abre la Sección Oficial. Dos jóvenes se conocen en una fiesta de graduación y ella muere esa misma noche; durante cuarenta noches podrá encontrarse con él en sueños.
En el corazón de la bestia, de David Ayer, es la película de Brad Pitt: un exmilitar de fuerzas especiales y su perro de combate sobreviven a un accidente aéreo. Pitt sostiene prácticamente solo el metraje.
Bucking Fastard, de Werner Herzog, con Rooney Mara, Kate Mara, Orlando Bloom y Domhnall Gleeson. Dos hermanas gemelas que hablan al unísono, aman al mismo hombre y comparten sueños.
Tender Loving Care, de Mike Leigh, sobre la amistad, los padres ancianos y el paso del tiempo. Llega de Telluride con excelentes críticas y con una circunstancia que conviene mencionar con cuidado: el propio Leigh, de 83 años, ha dicho que probablemente sea su última película por una miositis que le limita la movilidad necesaria para rodar.
Los Miserables, de Fred Cavayé, adaptación del clásico de Victor Hugo con Vincent Lindon como Jean Valjean, junto a Noémie Merlant, Tahar Rahim y Camille Cottin. La novela transcurre en la Francia del siglo XIX, entre Waterloo y las barricadas de 1832.
El mal padre, de Roberto Bueso, con Eduard Fernández como un catedrático que reúne a sus tres hijos tras años de distancia para pedirles pasar las Navidades en la casa de su infancia.
Ruega por nosotras, de Daniel Monzón, ambientada en 1974 en el Patronato de Protección a la Mujer, la institución que internaba a menores para corregir su supuesta desviación moral.
Sants, de Mikel Gurrea, que tras Suro vuelve con Victoria Luengo en un drama sobre un grupo marginal de Barcelona y una exmonja que les ayuda a cambio de que roben imágenes religiosas.
5 minutos más, de Javier Ruiz Caldera, con guion de Berto Romero, que también protagoniza junto a Belén Cuesta y Javier Cámara. Comedia de ciencia ficción con bucle temporal y trasfondo sobre la turistificación rural.
Le Faux Soir, de Michaël R. Roskam, clausura el festival. Reconstruye un episodio de la resistencia belga durante la ocupación nazi: la publicación de un periódico falso que decía verdades.
Fuera de concurso, Albert Serra inaugura Made in Spain con Seize moments de ma vie, sobre la actriz y cantante Ingrid Caven.
Lo que se verá en Perlas
Es la sección donde se concentran los premios de otros festivales. Este año incluye Fjord, de Cristian Mungiu, Palma de Oro en Cannes; De repente, de Ryusuke Hamaguchi; Minotauro, de Andrey Zvyagintsev; Josephine, de Beth de Araújo; y Sucederá esta noche, de Nanni Moretti.
También La bola negra, de Los Javis, premiada a la mejor dirección en Cannes y elegida esta semana por la Academia para representar a España en la carrera hacia los Oscar. Se proyecta el 20 de septiembre, cinco días antes de su estreno comercial, con coloquio de los directores.
Y NAZA, el documental sobre Gaza premiado en Venecia, cuyos directores han sido amenazados con la retirada de la nacionalidad por el ministro de Cultura israelí.
Lo que se decide aquí
Más allá de la Concha, San Sebastián funciona como el escaparate donde se lanza la temporada audiovisual española y como puerta europea para el cine latinoamericano.
Esa función no depende del calendario ni de qué estrellas confirmen, y probablemente sea la razón de fondo por la que el festival importa. La alfombra roja se ve más. Lo que se decide en las salas pequeñas dura más.





















