1. La deuda y el empleo, los grandes riesgos del auge de la inteligencia artificial según el FMI
Kristalina Georgieva prevé cambios en el mercado laboral durante los próximos tres a cinco años y señala riesgos financieros por el auge de la inversión y la deuda vinculadas a la IA.

Kristalina Georgieva estima que el impacto llegará en un plazo de tres a cinco años y alerta de los riesgos financieros derivados del auge de las inversiones en IA y su creciente financiación mediante deuda.
La expansión de la inteligencia artificial (IA) está transformando la economía mundial y tendrá importantes consecuencias sobre el mercado laboral. La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, ha advertido de que esta tecnología afectará al 40% de los empleos en todo el mundo y hasta al 60% de los puestos de trabajo en las economías avanzadas durante los próximos tres a cinco años.
Durante su participación en la Conferencia Internacional de Banca 2026, organizada por Banco Santander, Georgieva ha definido este proceso como un "tsunami lento", pero con capacidad para modificar profundamente la estructura del empleo. También ha defendido que la inteligencia artificial representa una oportunidad económica extraordinaria, siempre que se establezcan mecanismos de control para evitar que sus riesgos superen sus beneficios.
La responsable del FMI ha destacado que la IA puede convertirse en una tecnología accesible y democrática, aunque ha advertido de que sus beneficios económicos se concentran actualmente en un grupo reducido de países que participan en su cadena de valor, entre ellos Estados Unidos, China e India. Europa, según ha señalado, todavía se encuentra rezagada, con Países Bajos como una de las excepciones.
Tres grandes riesgos económicos asociados a la IA
Georgieva ha identificado tres grandes riesgos vinculados al crecimiento de la inteligencia artificial. El primero está relacionado con la estabilidad financiera y las elevadas expectativas que rodean a esta tecnología.
La directora del FMI ha advertido de que las nuevas tecnologías suelen sobrevalorarse en el corto plazo y subestimarse en el largo. Por ello, si las expectativas sobre la rentabilidad de la IA no se cumplen, podría producirse una retirada masiva de inversiones que afectaría a los mercados.
El segundo riesgo tiene que ver con el creciente uso de deuda para financiar proyectos de inteligencia artificial. Georgieva ha mostrado preocupación por las inversiones circulares entre compañías y por la financiación a largo plazo, al considerar que una dificultad en alguna de estas operaciones podría generar problemas más amplios.
El tercer desafío es el impacto sobre el empleo. Aunque algunos trabajadores podrán mejorar sus condiciones salariales y profesionales gracias a la tecnología, otros puestos desaparecerán y muchos tendrán que transformarse.
La responsable del FMI ha señalado que en Estados Unidos ya se observa una reducción de los empleos rutinarios, especialmente de aquellos puestos de entrada al mercado laboral que suelen ocupar los jóvenes. Al mismo tiempo, aumenta la demanda de trabajadores para servicios de menor cualificación.
"El impacto neto en el empleo es ligeramente positivo, hasta ahora, pero la estructura del empleo es muy diferente", ha explicado.
Ana Botín reclama reglas comunes y mayor dimensión empresarial en Europa
La presidenta ejecutiva de Banco Santander, Ana Botín, también ha defendido el potencial de la inteligencia artificial y ha calificado su desarrollo como "un acontecimiento único en la historia de la humanidad".
Botín considera que esta tecnología ofrece a las entidades financieras la oportunidad de mejorar su competitividad y avanzar frente a otros actores del sector que todavía no han incorporado estas herramientas a gran escala.
Sin embargo, ha advertido de que adoptar inteligencia artificial no significa necesariamente haber conseguido implementarla de manera efectiva. Para lograrlo, considera necesarias plataformas globales comunes y empresas capaces de operar a escala internacional.
"Europa necesita bancos y empresas globales", ha afirmado.
La presidenta de Santander también ha insistido en la necesidad de establecer un marco regulatorio basado en el principio de "mismo riesgo, mismas reglas". Entre las cuestiones que considera necesario abordar figuran el acceso de los agentes de inteligencia artificial a las cuentas bancarias, sus implicaciones para la liquidez y la protección de la privacidad.
En relación con el mercado laboral, Botín ha señalado que la transformación tecnológica exigirá nuevas habilidades y programas de formación para que los trabajadores puedan adaptarse a las nuevas funciones.
El Banco de Pagos Internacionales alerta de los desafíos para los bancos centrales
Pablo Hernández de Cos, director general del Banco de Pagos Internacionales (BPI) y exgobernador del Banco de España, ha advertido de que la inteligencia artificial también plantea importantes desafíos para las autoridades monetarias.
Según ha explicado, la transformación tecnológica puede dificultar la interpretación del funcionamiento de la economía y obligar a los bancos centrales a reforzar sus capacidades de análisis, adaptación y cooperación internacional.
Aunque el impacto sobre el empleo todavía es limitado, Hernández de Cos ha señalado que ya existen indicios de sustitución de trabajadores en actividades como la atención al cliente, la programación y las tareas administrativas.
A su juicio, la respuesta no debe consistir en frenar el desarrollo tecnológico, sino en preparar a las personas para los cambios que traerá consigo. "La lección que extraigo de este análisis y de estos datos no es que debamos resistirnos a la tecnología, sino que debemos preparar a las personas para ella", ha defendido.
El responsable del BPI también ha advertido de los riesgos financieros asociados a las elevadas valoraciones de las empresas tecnológicas, la concentración de las inversiones y el aumento de la financiación mediante deuda.
En este sentido, ha señalado que una rentabilidad inferior a la esperada podría provocar una reducción de las inversiones y convertir el actual auge del gasto tecnológico en una crisis. Aunque no considera inevitable ese escenario, ha insistido en que la magnitud y la velocidad de las inversiones actuales justifican mantener la cautela.

