Los comercios de Sol afrontan pérdidas y molestias por la acampada por la vivienda
Tiendas, farmacias y hoteles describen efectos desiguales, mientras la Comunidad de Madrid reclama el desalojo del campamento y los manifestantes preparan nuevas acciones

Tiendas, farmacias y hoteles del entorno describen menos clientes, problemas de limpieza y dificultades para acceder a sus negocios, aunque no todos perciben el mismo impacto
La Puerta del Sol lleva varios días convertida en el centro de las protestas por la vivienda y, para los negocios de la zona, la acampada también ha cambiado la actividad diaria. Comerciantes, trabajadores y hoteleros describen una menor afluencia en algunos establecimientos, problemas de limpieza y dificultades para acceder a determinados locales, aunque el impacto no es igual en todos los negocios.
Beatriz, empleada de una tienda de souvenirs situada en plena plaza, asegura que la diferencia en las ventas ha sido especialmente acusada. El establecimiento suele facturar, según calcula, unos 3.000 euros en una jornada normal. El miércoles, sin embargo, cerró la caja con apenas 12 euros.
"Hemos perdido el 97 o 98% de la facturación", explica. El local está rodeado por las tiendas de campaña instaladas desde el pasado fin de semana por los participantes en las protestas por la vivienda.
La acampada comenzó después de las movilizaciones relacionadas con el desahucio de Maricarmen y ha ido creciendo durante los últimos días. Los manifestantes reclaman al Gobierno medidas más contundentes sobre vivienda y han pedido al Congreso que apruebe los decretos que se votan este viernes. Al mismo tiempo, la Comunidad de Madrid ha reclamado el desalojo del campamento.
Dificultades para entrar en algunos negocios
Lihua trabaja en otro establecimiento de souvenirs situado también en Sol. Para llegar hasta la tienda hay que atravesar un espacio entre las tiendas instaladas en la plaza. La trabajadora asegura que el tránsito de clientes se ha reducido y relaciona parte del problema con el aspecto de los accesos.
"¿Cómo van a hacerlo? Si el pasillo da miedo", afirma. Según explica, el negocio está "muy flojo" pese al elevado coste que supone mantener un establecimiento en esta zona del centro de Madrid.
En la farmacia Cea, situada en el número 14 de la calle Preciados, Enrique Algarra, de 57 años, también ha notado una menor presencia de personas. En su caso, señala especialmente a los turistas, que, según su percepción, tienen menos incentivos para atravesar la zona.
La limpieza es otra de sus principales preocupaciones. Algarra asegura que al abrir por las mañanas se encuentra en ocasiones con orines y excrementos en las inmediaciones. Trabaja en el establecimiento desde 2019 y afirma que ahora tiene que limpiar con lejía prácticamente a diario.
No todos los negocios cercanos describen la situación de la misma manera. Eduardo, gerente de la tienda de moda urbana Newcop, en la calle de Tetuán, reconoce que ha percibido menos turistas en la zona, pero asegura que en su establecimiento incluso ha aumentado la entrada de clientes porque parte del público se desplaza hacia las calles próximas a Sol.
También considera que algunos de los problemas de suciedad y malos olores no pueden atribuirse exclusivamente a la acampada. "Es todo el año", explica sobre el estado de su calle. Pese a ello, afirma estar a favor de la protesta.
En la perfumería Júlia, situada al final de la calle del Carmen, no quisieron hacer declaraciones, aunque confirmaron que han percibido una menor afluencia de compradores.
Los hoteles reclaman medidas sobre limpieza y seguridad
Los establecimientos hoteleros de la zona también siguen con atención la evolución de la protesta. Por ahora, los empresarios aseguran que no han registrado cancelaciones ni un descenso significativo de las reservas, pero sí advierten de otros efectos sobre la actividad del entorno.
Santiago Bello, director general del Hotel Moderno y vicepresidente de la Asociación Empresarial Hotelera de Madrid (AEHM), considera que la situación afecta a distintos aspectos de la actividad económica.
"Afecta al imaginario, a la higiene, a la seguridad, a la economía", sostiene. En su opinión, la protesta ha dejado de tener el carácter temporal de los primeros días y se ha convertido en un asentamiento permanente.
Bello cree que esa imagen puede terminar teniendo consecuencias sobre el turismo. Asegura que los visitantes pueden acercarse inicialmente por curiosidad, pero que la suciedad, los olores y el aspecto de la plaza pueden cambiar su percepción del entorno.
La AEHM, que representa a más de 330 establecimientos, ha pedido a las administraciones que garanticen la seguridad, la movilidad y la limpieza en la zona. La asociación asegura respetar las reivindicaciones de los manifestantes, pero advierte de las consecuencias que una ocupación prolongada puede tener para los negocios y para la imagen turística de Madrid.
La protesta busca mantenerse más allá de las tiendas
Mientras comerciantes y hoteleros esperan que la situación se resuelva, los participantes en la acampada preparan nuevas acciones. El Sindicato de Inquilinas ha planteado la creación de comités de barrio y la organización de movilizaciones relacionadas con la vivienda.
Los manifestantes también han defendido que la estructura creada durante estos días pueda mantenerse cuando termine la acampada. Las primeras asambleas territoriales se organizaron en distintos puntos de la plaza, aunque no todos los participantes secundaron las convocatorias.
El campamento permanece así como el principal punto de encuentro de las protestas mientras el Congreso debate los decretos de vivienda. La Comunidad de Madrid reclama su desalojo y ha recurrido a los tribunales, mientras que la Delegación del Gobierno mantiene su posición sobre la protesta.
En las calles próximas, la situación se vive de manera desigual. Algunos trabajadores aseguran haber sufrido una caída importante de la actividad; otros hablan sobre todo de molestias relacionadas con los accesos y la limpieza, y también hay negocios que aseguran no haber registrado pérdidas significativas.
Por ahora, Sol continúa funcionando con esa mezcla de protesta, actividad comercial y turismo que caracteriza habitualmente a uno de los puntos más transitados de Madrid. La diferencia es que, desde hace varios días, las tiendas de campaña forman parte del paisaje y los comerciantes tienen que hacer sus cuentas en medio de ellas.

